Parece Pau Gasol, pero es un robot: Toyota sorprende con su nuevo jugador de baloncesto

Parece Pau Gasol, pero es un robot: Toyota sorprende con su nuevo jugador de baloncesto

Toyota ha llevado su tecnología del automóvil a la cancha con el CUE7, un robot de 78 kilos capaz de desplazarse sobre ruedas, botar el balón, encestar y celebrar sus canastas. La compañía japonesa ya prepara su siguiente reto: enfrentarlo cara a cara con humanos

¿Te imaginas que un fabricante de coches construyera a un jugador de baloncesto? Toyota parece ser que lo ha imaginado y lo ha conseguido, porque todo lo que puedas imaginar, lo puedes lograr.

La compañía japonesa lleva años desarrollando robots capaces de encestar y su última creación, el CUE7, está cada vez más cerca de parecer un auténtico jugador de baloncesto.

El proyecto no es nuevo. Toyota comenzó a experimentar con esta tecnología hace años y en 2019 ya consiguió que su robot CUE encestara 2.020 tiros libres consecutivos, logrando un récord Guinness. Cinco años después volvió a sorprender al conseguir una canasta desde 24,5 metros.

Ahora, con el CUE7, el fabricante japonés ha llevado el concepto un paso más allá.

Un robot que ya no está quieto

La principal diferencia respecto a sus predecesores está en el movimiento. CUE7 no solo lanza canastas desde una posición fija, sino que es capaz de desplazarse por la pista gracias a dos ruedas independientes, una en cada pierna.

Su cuerpo también es diferente. Toyota ha abandonado la apariencia más mecánica de anteriores prototipos para darle una imagen mucho más cercana a la de un deportista. El robot tiene una estructura musculada y estilizada, inspirada en la anatomía de un jugador de baloncesto.

Además, el CUE7 ha bajado su peso a 78 kilos, frente a los aproximadamente los 120 kilos de su antecesor. Para conseguirlo, Toyota ha construido su estructura con numerosas piezas pequeñas montadas sobre un esqueleto de aleación ligera.

Tecnología que viene directamente de los coches

Una de las partes más curiosas del proyecto está precisamente en la conexión con el mundo del automóvil.

CUE7 cuenta con 30 motores eléctricos con imanes de neodimio, una tecnología que Toyota también emplea en algunos de sus vehículos. El conocimiento en sistemas eléctricos y movilidad ha servido para desarrollar las articulaciones del robot.

La inteligencia necesaria para mantener el equilibrio también ha requerido miles de simulaciones informáticas. Según Toyota, el robot necesitó alrededor de día y medio de simulaciones para aprender a desplazarse sobre sus ruedas sin caerse.

Para conseguirlo, CUE7 aprende a modificar su postura, flexionar las rodillas o mover diferentes partes del cuerpo en función de cada situación.

Bota, enceste y celebra

El objetivo de Toyota no es únicamente conseguir que el robot sea capaz de lanzar un balón. CUE7 también puede controlar el bote, desplazarse por la pista y coordinar diferentes movimientos.

Incluso sus cámaras han cambiado de ubicación. Ahora están integradas en una especie de bandana que lleva en la cabeza, permitiéndole obtener información de su entorno.

Uno de los mayores desafíos ha sido precisamente conseguir que el robot controle el balón. Toyota ha realizado numerosas simulaciones para ajustar aspectos como la fricción y conseguir que CUE7 pueda botarlo con mayor precisión.

Y cuando consigue su objetivo, también sabe celebrarlo: levanta los brazos ante el público como haría cualquier jugador después de anotar una canasta.

El próximo objetivo es jugar con humanos

Toyota ya tiene claro hacia dónde quiere llevar el proyecto. El siguiente paso será sustituir las actuales ventosas utilizadas para controlar el balón por manos más parecidas a las humanas.

El objetivo final es mucho más ambicioso: conseguir que CUE7 no solo enceste o se desplace por una pista, sino que pueda jugar cara a cara contra una persona.

Por ahora, Toyota no pretende sustituir a los jugadores de carne y hueso. El CUE7 es, sobre todo, un laboratorio sobre ruedas que permite a la compañía experimentar con robótica, inteligencia artificial, equilibrio, motores eléctricos y sistemas de percepción.

Pero la imagen de un robot de 78 kilos, con tecnología heredada de los coches de Toyota, botando un balón y celebrando una canasta ya deja una idea bastante clara: el futuro de la robótica deportiva se parece cada vez menos a una máquina y cada vez más a un atleta.

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