Fernando Torres no olvida sus raíces en Fuenlabrada. Allí creció junto a su familia en un piso de 80 metros cuadrados y disfrutó de tardes de fútbol con sus amigos. Hoy, convertido en leyenda del Atlético, reconoce que su vida ha cambiado, pero no la esencia ni los valores de aquella época
Hay futbolistas que, cuando alcanzan la cima, parecen dejar atrás la vida que tuvieron antes de llegar al éxito. Fernando Torres nunca ha sido uno de ellos. La leyenda del Atlético de Madrid sigue mirando hacia Fuenlabrada cuando habla de sus orígenes y de los valores que marcaron su infancia.
Mucho antes de los grandes estadios, los títulos y los focos, Fernando Torres era un niño más de Fuenlabrada. El fútbol ya ocupaba buena parte de su tiempo, pero su infancia fue mucho más que entrenamientos y partidos. El barrio, sus amigos, los parques y aquellas tardes improvisando encuentros también forman parte de los recuerdos que el exdelantero conserva de aquella etapa. Torres creció en el barrio de Parque Granada, donde comenzó a construir una historia que acabaría llevándole hasta algunos de los escenarios más importantes del fútbol mundial. Allí dio sus primeras patadas al balón y aprendió unos valores que, muchos años después, sigue considerando fundamentales. «Yo he vivido toda mi vida en un piso de Fuenlabrada de 80 metros y ahora tengo una vida totalmente diferente. Pero la esencia es la misma», ha recordado.
«Sé de dónde vengo»
La relación de Torres con el balón comenzó prácticamente desde que aprendió a caminar. Con apenas dos años ya jugaba con el balón de su hermano Israel y, a los cinco, comenzó a practicar fútbol sala.
Si algo recuerda Torres de su infancia es que no siempre hacía falta tener un campo en condiciones para disfrutar del fútbol. Las tardes con sus amigos podían terminar en cualquier parque o espacio libre del barrio. Y, cuando no había un lugar disponible, tocaba buscar soluciones. El propio Torres ha contado que él y sus amigos llegaban incluso a saltar las vallas de los colegios para encontrar un sitio donde poder jugar. No había grandes instalaciones ni comodidades, pero sí ganas de estar juntos y un balón dispuesto a convertirse en el centro de la tarde.
Su talento le llevó posteriormente por distintos equipos de Fuenlabrada hasta que el Atlético de Madrid llamó a su puerta. Más tarde comenzaría una carrera que terminaría llevándole a jugar en escenarios como Anfield o Stamford Bridge, además de vestir las camisetas de otros grandes clubes europeos. Pero antes de todo eso estaban las tardes en el barrio. Torres ha contado en diferentes ocasiones cómo él y sus amigos buscaban cualquier lugar para jugar. Incluso llegaron a saltar las vallas de los colegios para encontrar un campo improvisado donde continuar con sus partidos.
El salto entre aquella vida y la que llegó después fue enorme. Torres terminó convirtiéndose en campeón del mundo y de Europa con España, ganó títulos a nivel de clubes y construyó una carrera que le permitió vivir durante años lejos de aquella realidad. Sin embargo, para él hay algo que nunca ha cambiado. «Tengo muy claro lo que es importante. Sé de dónde vengo», ha señalado el exfutbolista.
Y ese origen sigue teniendo un peso especial. Fuenlabrada no solo representa el lugar donde comenzó a jugar al fútbol, sino también el entorno en el que adquirió buena parte de los valores que todavía considera fundamentales. «Fuenlabrada me ha inculcado unos valores que me gustaría enseñar a mis hijos», reconoció Torres.
Ahora el exdelantero contempla una vida completamente distinta a la de aquel niño de Fuenlabrada. Ha cambiado el escenario, pero no la raíz. Y quizá esa sea una de las claves para entender por qué Torres insiste tanto en recordar de dónde salió.




