José Miguel Echávarri: «El día que Indurain destronó a Perico Delgado fue una hecatombe política, me llamó alarmado el secretario de Estado para el Deporte»

José Miguel Echávarri: «El día que Indurain destronó a Perico Delgado fue una hecatombe política, me llamó alarmado el secretario de Estado para el Deporte»

El que fuera jefe de dos de los mitos del ciclismo español vivió en primera persona el momento en el que Indurain tomó el relevo del segoviano en el Tour de 1991

Mucho se habló en su época en la rivalidad entre Perico Delgado y Miguel Indurain, aunque luego quedò demostrado que había más compañerismo que lucha. También que Indurain pudo ganar antes de no haber respetado más a su entonces jefe de filas, algo que, según en propio Perico, tal vez habría sido así. O que hubo quien deseó alargar la hegemonía del segoviano porque gustaba más su estilo que el del navarro…

Quien mejor sabe cómo sucedió todo aquello fue el que fuera la principal cabeza visible del Reynolds y del posterior Banesto, José Miguel Echávarri, quien junto a Eusebio Unzue logró sacar adelante la formación ciclista más exitosa del panorama español. Y no sólo por sus triunfos, sino por su longevidad en el tiempo. No en vano, aún persiste hoy día con el nombre de equipo Movistar y ac aba de ganar la Vuelta a España 2026.

Echávarri vivió en primera persona cómo fue aquella transición, cómo Miguel Indurain aprendió de los aciertos y errores de Arroyo o Perico, cómo dominó durante cinco años el Tour con un estilo en el que pocos creían en sus comienzos…

Perico Delgado ha hablado en más de una ocasión de aquella época y sólo ha tenido palabras de elogio hacia Indurain, del que habla como «un caballero». Y, de hecho, cree que si no lo hubiera esperado en momentos puntuales en el Tour 1990, tal vez tendría un sexto entorchado en París en sus vitrinas. La supuesta rivalidad, por tanto, no existió. Y, de hecho, en 1991, Perico aún seguía siendo jefe de filas, pero las circunstancias hicieron que cambiaran las tornas en una etapa mítica.

Indurain destrona a Perico Delgado

«Aquello fue una hecatombe. Lo que pasó el 18 de julio -de 1991- en la etapa de Jaca a Val Louron en la que Indurain reventó el Tour bajando el Tourmalet dejó al país helado. Me llamó hasta Javier Gómez Navarro, el secretario de Estado para el Deporte, alarmado de lo que había oído en las radios para preguntarme que habia pasado con Perico. El país lo quería a él. No quería renunciar a su manera de ser. Pero entonces el tiempo nos dio una lección. Nadie puede luchar frente al tiempo», señala en Público José Miguel Echávarri, quien tampoco ha ocultado nunca su simpatía por Perico Delgado, pero tenía muy claro que su prioridad era ganar. Y el que empezó a hacerlo fue Indurain.

El director navarro recuerda lo que le contestó a Gómez Navarro. Le dijo que podía ser algo circunstancial, aunque conocía que lo más probable es que fuera, como fue, un cambio de ciclo. «Le dije ‘Vamos a esperar a mañana, esto no se ha terminado´. Lo recuerdo perfectamente. Tenía que contemporizar… Allí demostró que a partir de ese momento cambiaba la hegemonía del ciclismo, no digo en el mundo, pero sí en España», recuerda.

Echávarri no tuvo que explicarle nada al que era su líder, porque Perico Delgado siempre ha demostrado ser muy listo y, de hecho, no dudó en ayudar a Indurain a partir de ese momento cuando lo necesitó. «Perico tuvo la inteligencia de darse cuenta, porque él mismo decía que sentía en la nuca la respiración de un Miguel que venía imparable. Y es ley de vida. Como le pasó a Perico cuando él apareció, en este caso la generación del 64, la de Indurain, Breukink, Chiappucci o Bugno, desbordó a la de los 60, la de Perico, Lemond y Fignon. En el ciclismo, como en cualquier deporte, puedes estar en el más alto nivel tres, cuatro o cinco años, y mantenerte unos más con la experiencia y la sabiduría, pero mucho más no. La plenitud te llega en ese momento y es imparable. Y el bueno de Perico lo supo y rápidamente entendió que tenía que pasar de ser el líder a intentar ser el capitán de ruta», añade el exdirector navarro.

Echávarri acepta el cambio de ciclo

José Miguel Echávarri admite que siempre tuvo predilección por el segoviano, al que siguió acompañando hasta su retirada en las contrarrelojes, pero tenía claro por quien tenía que apostar. «Es verdad que yo quiero mucho a Perico, pero también quiero a Indurain. Pero entonces yo debía modular las emociones de la gente. Y el público era, sobre todo, de Perico, porque tiene otro carácter. Y dentro del equipo veíamos que llegaba un tsunami y no era fácil manejar esa situación, respetar, como decía yo, el presente pretérito con el presente futuro», admite.

Si Perico fue inteligente y se dio cuenta, su jefe fue más y cambió de líder de la noche a la mañana. «Puedes salir de la habitación con un plan general, pero constantemente tienes que cambiar ante un pinchazo, una caída, una pájara o una enfermedad. Es bueno también salir con un líder establecido y un outsider. En este caso, en 1991, yo creo que ambos estaban al 50%, por lo que había pasado en 1990. Miguel igual nunca lo dirá, pero seguro que pensó que estaba capacitado igual no para ganar el Tour, pero sí para opositar a ser uno de los favoritos. Y lo hizo de una manera tan seria y tan maja…», advierte.

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