El hijo de Miguel Indurain reconoce que no hizo caso a su padre: «Siempre me decía lo mismo»

El hijo de Miguel Indurain reconoce que no hizo caso a su padre: «Siempre me decía lo mismo»

Miguel Indurain Júnior repasó en su día lo que le faltó para llegar al ciclismo profesional como su padre. Intentó no aprovecharse de su apellido, pero se encontró con un muro muy complicado de superar. Eso sí, nunca olvidará la frase que siempre le repetía su progenitor

Con La Vuelta apenas comenzada y con Pogacar haciendo ya de la suyas, es imposible no acordarse del mejor ciclista español de todos los tiempos, Miguel Indurain.

El ganador de cinco Tour de Francia ya fue noticia hace unos días cuando resaltó el cambio nutricional que se había producido en el ciclismo en los últimos años. «En mi época, no existían las barritas ni los geles, sino que se recurría a bocadillos de jamón y queso o pasteles comprados por los masajistas del equipo. En los años noventa, la planificación nutricional era mucho más rudimentaria y se basaba en alimentos tradicionales para soportar el desgaste físico diario», afirmó el navarro en la revista Woman.

Sin embargo, su hijo no siguió los consejos que le dio y, tal vez, por eso no llegó donde él. Miguel Indurain Jr., ahora con 30 años, concedió hace ya un tiempo una entrevista a Onda Cero con José Ramón de la Morena al mando y repasó la dureza del ciclismo, así como dejó claro que no se olvidará lo que su padre siempre le decía.

«Intenté ser ciclista profesional, siempre me gustó, era un trabajo chulo, hasta los 21 años tuve ese objetivo pero vi que no era mi camino y me busqué la vida por otro lado», manifestó el hijo del laureado ciclista español.

En este sentido, confesó cuál fue su gran muro para lograr vivir de este deporte: «En ciclismo amateur me cayeron palos por todos lados. El ritmo era diferente a juvenil, en las subidas me quedaba y no rendía como quería. Me centraba en dar pedales pero no le di demasiado fuerte».

El consejo de su padre que nunca siguió

Su padre no fue el típico obsesionado con querer que su hijo llegase a ser lo que él en su día fue y le dio libertad. Eso sí, siempre dándole sutiles indicaciones por el camino: «Siempre me daba el mismo consejo. Me repetía siempre lo de comer, beber y a rueda, pero yo nunca le hacía ni caso».

«No me ha contado casi ninguna historieta de su carrera, alguna suelta de vez en cuando pero muy poco, nada de forma habitual», afirmó en dicha entrevista Miguel. «He visto algún vídeo con él de alguna subida a La Plagne cuando ganó Zülle y me contaba cómo iban cayendo uno a uno subiendo a ritmo, solo recuerdo esa», recalcó.

Una historia que le dejó marcado para siempre y a día de hoy la revive cuando entrena con él: «Es la que me gustó porque cuando subo con él siempre vamos a ritmo, no se levanta nunca, siempre ritmo constante, vas con él y se asemeja. Te pone una marcheta dura y te deja reventado». Y lo mejor para él y lo que destrozaba a sus rivales era que es capaz de mantener el mismo gesto en los Alpes y en los Pirineos: «Es muy suyo no cambiar de expresión, no dar signos de debilidad».

El apellido Indurain no le ha abierto puertas, pero no le pesa

Por último, dejó claro que llevar el nombre de su padre no le ha servido para aprovecharse de nada: «Uno se acostumbra a ser el hijo de Miguel Indurain, sin presión, no he visto nunca nada negativo. No pesa el apellido Indurain. Sé que mi padre es un referente del ciclismo, pero nunca me ha pesado ser su hijo. Nunca me he sentido incómodo. Tampoco pensé en llegar a ser como mi padre, es muy difícil, casi imposible».

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