Cómo Oliver y Benji dieron forma al fútbol nipón y los ‘Samuráis azules’

Cómo Oliver y Benji dieron forma al fútbol nipón y los ‘Samuráis azules’

El manga Captain Tsubasa, de Yoichi Takahashi, ha sido la base sobre la que se ha creado la identidad futbolística de un país como Japón, que hace 40 años estaba volcado en el béisbol y que hoy por hoy no se pierde una cita mundialista desde Francia 98, su estreno

Houston, Texas. 29 de junio de 2026. El pitido final en el NRG Stadium -Estadio de Houston durante la cita mundialista- supone el final del sueño nipón. Un gol agónico de Gabriel Martinelli en el añadido (95’) ponía el 2-1 en el marcador y despertaba a los ‘Samuráis Azules’ de su ensueño en los dieciseisavos de final.

En el césped, Kaishū Sano, el autor del gol que hizo creer a toda una nación con su gol en el 29’, se lanza al suelo entre lágrimas. No pudo ser. Sin embargo, en las gradas son miles los aficionados japoneses que no lloran una derrota, sino que lo hacen de alegría, festejando una identidad; celebran una identidad. Llevan banderas del Hinomaru y camisetas con el número 10 de Oliver Atom.

¿Cómo un país que no sabía de fútbol hace cuarenta años se ha convertido en una potencia capaz de mirar a los ojos a toda una selección como Brasil? La respuesta no está solo en el desarrollo de la J1 League o en los centros de alto rendimiento de JFA, sino en los dibujos de un hombre que en 1978 se sentó frente a un televisor en una escuela secundaria de Japón. Hablamos de Yoichi Takahashi, creador de Captain Tsubasa (Supercampeones).

De Supercampeones al Mundial 2026

Para entender el papel de Japón en este último Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, hay que retroceder en el tiempo viajar al pasado hasta la habitación de un joven Yoichi Takahashi que sintió un verdadero flechazo con el balompié durante el Mundial de Argentina 78. «Ver aquel torneo me hizo preguntarme si Japón podría algún día llegar a ese escenario», recordaba el propio Takahashi, creador de Captain Tsubasa (Supercampeones) en una entrevista con la FIFA.

En aquel entonces, el fútbol en el archipiélago nipón era un verdadero desconocido. No había liga profesional, mientras que el béisbol lo era todo como deporte nacional. Takahashi, como dibujante de manga, vio una oportunidad de mercado y se lanzó a ello nicho vacío: «Casi no había otros mangas de ese género… ni siquiera representaban la experiencia completa de un partido de principio a fin».

Así nació Tsubasa Ozora (Oliver Atom). No era solo un niño que jugaba al fútbol; era el reflejo de toda una nación que ni siquiera sabía en ese momento que quería ganar un Mundial.

La J-League, consecuencia del anime

La ficción del manga a la realidad. Una cronología perfecta. Mientras que el anime se estrena en 1983, una década después, en 1993, nace la J-League. Habría que esperar cinco años más, 1998, para ver a Japón clasificarse por primera vez a un Mundial, el de Francia 98. Desde entonces, los nipones no han faltado a ninguna cita con la Copa del Mundo.

No es casualidad, por tanto, que Japón fuera el primer equipo en clasificar a este Mundial, excluyendo a los anfitriones, tras vencer a Baréin en marzo de 2025. Ya no son invitados; son verdaderos protagonistas.

Los herederos de Oliver y Benji en el Mundial 2026

La derrota ante Brasil en Houston puso punto final a Japón en el Mundial 2026, pero no al sueño de un país que ve reflejada en su selección a una serie que impulsó a todos. Takefusa Kubo es para muchos el Oliver Atom real, aunque Takahashi, su creador, tiene otra opinión: “Por posición, sería Daichi Kamada». Y Kamada no defraudó en este Mundial, anotando contra Países Bajos y Túnez, llevando el peso del equipo como el capitán del Nankatsu.

En la portería, Zion Suzuki, que milita en el Parma, invita a pensar en el legendario Benji Price (Genzo Wakabayashi). Su presencia es el muro sobre el que se construye el combinado nipón. Y luego está Daizen Maeda, cuya potencia y estilo evocan inevitablemente a Mark Lenders (Kojiro Hyuga), aunque sin el ‘tiro del tigre’, algo que suple con una presión asfixiante sobre los defensas rivales.

Diversas investigaciones confirman que el fútbol ha permitido a Japón reconciliarse con sus símbolos nacionales, después de que la bandera Hinomaru y el himno Kimigayo estuvieran envueltos de controversia por su pasado militarista. El fútbol ha liberado de sospechas y hoy día los japoneses pueden ondear su bandera en un partido contra Brasil sin que se vea como una provocación nacionalista. Los ‘Samurais azules’ se han convertido en auténticos líderes sociales radiando durante este Mundial 2026 la imagen de un equipo estoico y disciplinado tecnicamente.

El partido contra Brasil en Houston, por tanto, fue el cierre de un círculo. En el manga World Youth, Japón vencía a Brasil por 3-2 en una final soñada. En la realidad, este Mundial 2026 demostró que Brasil se acabó llevando la victoria en dieciseisavos, aunque en Japón ya se ha conseguido lo fundamental: ‘Con el balón en los pies, ya nadie los podrá detener’.

Scroll al inicio