El que fuera futbolista de Real Madrid, Roma o Villarreal recuerda cómo fue su adicción al alcohol cuando estaba en la cima de su carrera; ahora lleva casi 15 años sin probar un gota de alcohol
Cicinho llegó al Real Madrid en 2005 con la expectativa de ser el lateral derecho para muchos años, sin embargo, su rendimiento fue irregular, un año más tarde acabaría llegando Marcelo y en 2007, Cicinho haría las maletas rumbo a Roma. Antes ya había tenido éxito en el Sao Paulo pero una constante en su carrera fue el alcohol, una adicción que no comenzó a dejar atrás hasta que alcanzó los 30 años.
El brasileño ya había hablado antes de ella públicamente pero ha sido ahora, en una entrevista a La Gazzetta dello Sport, cuando ha recordado algunos de los episodios más duros de aquella época, cuando era un futbolista de éxito tanto en el Real Madrid como en la Roma, después de empezar a beber con 13 años.
«Creo profundamente en Dios. Él te ayuda a purificarte del mal. Me autodestruí con el alcohol. Todo empezó a los 13 años, en una fiesta con amigos. Probé la cerveza y me enamoré de ella como si fuera una mujer. Cuanto mayor me hacía, más bebía», recuerda el de Pradópolis.
«Cuando llegué a Botafogo en 2001, bebía veinte cervezas y diez caipiriñas al día. A los 17, incluso empecé a fumar cigarrillos. Pero así vivía el fútbol: quería llegar a la cima, ganar mucho dinero y divertirme», reconoce Cicinho, al que entonces le llegó la llamada del Real Madrid.
Borracho en los entrenamientos del Real Madrid
Lejos de creer que con su llegada al fútbol europeo y al Real Madrid podría dejar atrás sus problemas con el alcohol, estos se agravaron. «Peor aún. Me contrataron para ser el nuevo Michel Salgado, y pensé: ‘Perfecto, ahora puedo irme de fiesta para siempre’. Compré coches, ropa y organizaba fiestas en casa. Casi nunca salía porque en Madrid había paparazzi por todas partes. Así que bebía en mi villa con mis amigos. Siempre estaba en casa. Me acostaba a las cuatro de la mañana y ya estaba borracho en el entrenamiento a las ocho. Antes de salir, tomaba tres o cuatro cafés y me fumaba un paquete de cigarrillos para disimular el olor a alcohol. Y en el campo también era muy bueno. Ni siquiera Capello sospechaba nada», explica.

En la Roma tocó fondo
Dos años más tarde se marchó a la Roma, pero su adicción continuó acompañándole en la capital italiana. «Totti me dijo: ‘Nosotros somos los Galácticos, ven aquí’. Me llevaba de maravilla con Spalletti y jugaba mucho. Luego, en 2009, me volví a lesionar la rodilla y recaí en los excesos. Fue entonces cuando me di cuenta de que sufría de depresión, aunque no quería admitirlo en ese momento», asume Cicinho, que acabó por coger el toro por los cuernos gracias a su pareja.
«En Roma, batí un récord: 70 cervezas y 15 caipiriñas en un solo día. Además de dos paquetes de cigarrillos. Odiaba dormir, solo quería estar de fiesta en casa con mis amigos. Todo fue gracias a mi esposa: cuando regresé a Brasil en 2012, fui a terapia con su ayuda. Redescubrí el sentido de la vida y ahora soy feliz», revela el que fuera internacional brasileño.





