El extenista español, que actualmente no entrena a ningún jugador en concreto, ha antepuesto la final de la Copa Davis disputada en Sevilla al Roland Garros que conquistó
El extenista español Carlos Moyá, que cerró la tercera jornada del X Foro Internacional del Deporte (FID) Ciudad de León ABANCA, recordó en su intervención la final de la Copa Davis que ganó con España en Sevilla ante Estados Unidos (3-2) el único, dijo, que le «encantaría volver a vivir».
El jugador balear fue el primer español en lograr el número 1 de la ATP, después de una trayectoria deportiva que tardó en despegar porque, según recordó, no llegó a ganar ningún campeonato de España en categorías menores, y «solo fue a los 18 ó 19 años cuando comencé a despuntar».
Moyá, que reconoció que no era «el mejor tenista de la época», pudo alcanzar la cima «a base de trabajo para hacer realidad un sueño», que conquistó en California, donde celebró llamando a su madre que había logrado ser el número 1 mundial.
En sus recuerdos, mencionó lo que llamaban en su ámbito familiar «las Moyanadas», momentos donde parece tener el tema complicado y se empeñaba en complicarse la vida, recordando con humor lo mal que le sentó medirse a su ídolo, el sueco Stefan Edberg, en la pista central de París porque, dijo, «era tal el sueño de medirse a él, que el partido terminó con derrota 6-2, 6-2 y 6-1 en apenas una hora», siendo presa de los nervios.
Por último, Moyá también tuvo tiempo de hablar de su labor como entrenador de Rafa Nadal en su última etapa hasta la retirada, logrando unos éxitos que, según reconoció, no pensaba que pudiera conseguir pero que fueron fruto, según apuntó, «de su capacidad de trabajo y sacrificio que era sorprendente», por lo que no dudó en asegurar que fue «muy bonito formar parte de su trayectoria deportiva, y de sus momentos finales como jugador».
Un 50 cumpleaños muy especial
Hace un mes Carlos Moyá cumplió 50 primavera y lo hizo rodeado de sus tres hijos y de su mujer, Carolina Cerenzuela.
Y con el medio siglo cumplido ya, el mallorquín ha comenzado a hacer memoria de todo lo vivido y recorrido. Y con motivo de su cumpleaños, el balear desmintió en una entrevista el mito del tenis como deporte elitista. Porque está claro hay deportes que no están al alcance de todos. Eso es una realidad. El coste del uso de las instalaciones o de las indumentarias adecuadas suponen una barrera para muchos que desearían probarlos.
Sin embargo, Moyá repasó en El Mundo cuál fue su camino para tratar de animar a aquellos que no tienen muchos recursos: «Muchos niños tienen acceso a jugar en un club de barrio, no en las mismas condiciones que un chaval con más recursos económicos y mejor material, pero yo tampoco los tenía y llegué a ser profesional. Empecé en un barrio muy humilde y como yo, muchos».

También tuvo la suerte de que sus hermanos le guiaron en este camino: «Yo me aficioné a raíz de ir con ellos y mis hermanos mayores al club del barrio, un barrio humilde. Allí comenzó mi aventura. Primero en el frontón, que ahora no existe porque si dejas a un niño jugando solo con una pared es un sacrilegio, pero en esa época era la manera en que muchos empezamos a jugar. Yo iba con una raqueta en la mano desde que empecé a caminar, pero como mis hermanos me sacan siete y ocho años les parecía un tostón jugar conmigo. coincidimos poco, porque luego les empecé a ganar rápido y otra vez no quisieron».
Carlos Moyá tuvo que enfrentarse a sus padres
En otra aparición mediática, en ‘Mi casa es la tuya’ con Bertín Osborne entrevistándole, confesó cómo fue el momento más crucial en su vida, el de enfrentarse a sus padres para decirles a lo que quería dedicarse en su vida: «Cuando les dije a mis padres que no quería ser jugador de tenis yo no me daba cuenta de las posibilidades y el tenis en Mallorca a principios de los 80 casi no existía. Es como si te sale un hijo astronauta. Fue duro, llorando, mis padres diciendo que volviera, pero no di el brazo a torcer y en el verano siguiente me fui al campeonato de Europa junior y lo gané, ahí fue el punto de inflexión que veo que me convence, que puedo ser un tenista».





