Casi 20 años después, aún no ha superado cuando Manuel Ruiz de Lopera le llamó para decirle que el entonces entrenador bético había pedido la salida inmediata del brasileño para poder hacerle sitio en la plantilla verdiblanca al también argentino Leandro Somoza
De las cinco temporadas que Marcos Assunçao vistió la camiseta del Real Betis se recuerdan muchas cosas y todas buenas. Su adaptación al club y a la ciudad fue perfecta, aunque lo primero que viene a la mente cuando se escucha el nombre del exfutbolista brasileño es el potente cañón que tenía como pierna derecha y que le convierte en uno de los mejores lanzadores de faltas de toda la historia.
Con una de ellas, en Palma de Mallorca, selló la primera clasificación para la UEFA Champions League de la historia de una entidad que, 21 años después, le invitó a La Cartuja para que viese en directo en el duelo ante el Elche CF en el que Pablo Fornals recogía su testigo. Hay muy pocos momentos malos en su historia verdiblanca y por eso no lo verbaliza tanto; pero el de Caleira se ha desahogado ahora con El Correo de Andalucía admitiendo que Héctor Cúper le echó del Betis por el simple hecho de ser brasileño y eso aún le genera ganas de llorar.
El irrenunciable sentimiento verdiblanco de Marcos Assunçao
Ya que estaba en Sevilla, Assunçao estuvo en mayo en la Ciudad Deportiva Luis del Sol para demostrar que conserva intacto su espectacular golpeo. Acribilló a Adrián San Miguel con golazos de libre directo y dejó un divertido rato con Alexis Trujillo y Joaquín Sánchez. Aprovechó también para hablar maravillas de aquel lustro como bético (2002-2007) que quedó grabado para siempre en su corazón.
«¿Qué es el Betis para mí? ¡Lo es todo! Es mi casa. Aprendí a querer al club, a su gente… Yo había estado en la Roma con Cafú, Batistuta, Totti… pero lo del Betis fue distinto. En la Roma ganamos el campeonato de la Serie A, ¿eh? Lo del Betis fue otra cosa. No tiene explicación. Es diferente, ya está. Se me quedó dentro», explica Assunçao antes de asegurar que aún no ha superado el momento en el que le obligaron a marcharse en el verano de 2007 y contra su voluntad.
Después de 19 años, Marcos Assunçao aún no ha superado lo que le hizo Héctor Cúper
«Uno de los peores días de mi vida fue cuando Lopera me dijo que me tenía que ir, que el entrenador no me quería. Lo pasé muy mal. Mi mundo se acabó ahí. Por lo visto, a Héctor Cúper no le gustaban los jugadores brasileños. Había entrenado en el Inter de Milán y mire cómo acabó con Ronaldo. Si le pasó a Ronaldo, imagínese conmigo… Cúper fichó a Somoza y tuve que marcharme. Cuando me subí al avión para irme de Sevilla… No se lo recomiendo ni a mi peor enemigo», ha recordado Assunçao con un nudo en la garganta al revivir ese intento pesar.

«Me pasé todo el viaje llorando porque no entendía lo que estaba pasando. El Betis era mi casa. En Sevilla viví los mejores años de mi vida. Es que ahora mismo tengo ganas de llorar. Perdí muchas cosas. Mis compañeros eran como mis hermanos. Todos los jueves nos íbamos a cenar juntos. Después, claro, dábamos una vueltecita por Sevilla. A estos jugadores, a la ciudad y a la afición los llevaré para siempre en mi corazón», ha añadido el legendario ’20’ verdiblanco, que jugó tres años en el fútbol saudí (Al-Ahli y Al-Shabab) antes de volver a Brasil para militar en siete equipos más hasta su retirada en 2016, con 40 años.
Serra Ferrer, un padre para el vestuario del Betis: «Le teníamos miedo a sus enfados»
De Héctor Cúper, por lo tanto, no guarda buen recuerdo; pero sí de sus otros tres entrenadores, especialmente de Serra Ferrer: «A Víctor Fernández siempre le estaré agradecido por llevarme al Betis, fue un señor; Luis Fernández era todo un personaje y Lorenzo fue nuestro padre».

«Nosotros le teníamos miedo. Entre nosotros lo hablábamos: ‘Vamos a ganar como sea porque, si no, el míster se va a enfadar’. Con él siempre teníamos que llegar 30 minutos antes de la hora marcada para entrenar. En una ocasión, por un problema que había en la ciudad deportiva tuve que aparcar el coche en la calle y llegué sólo un minuto tarde. Me estaba esperando en la puerta del vestuario para reñirme».





