El delantero español, campeón de la Eurocopa 2024 y con una carrera en Real Madrid, Juventus, Chelsea, Atlético y AC Milan, afronta a los 33 años un sorprendente nuevo capítulo en Segunda división
Álvaro Morata acaba de protagonizar uno de esos movimientos que obligan a detenerse y mirar atrás. El delantero español, todavía con 33 años y después de haber levantado la Eurocopa con España hace apenas dos años, ficha por el CD Leganés y baja hasta Segunda división.
No es el descenso de categoría de un futbolista cualquiera. Es el desconcertante siguiente capítulo de un jugador que ha pasado por algunos de los mejores vestuarios de Europa, ha ganado 21 títulos y es el cuarto máximo goleador histórico de la Selección española. Su carrera siempre ha sido extraña. Ahora lo es todavía más.
Morata pasa de levantar la Eurocopa a jugar en Segunda división
Hay algo difícil de encajar en la fotografía actual de Morata. En julio de 2024 era el capitán de España que levantaba la Eurocopa en Berlín. Apenas dos años después, el delantero cambia el escaparate de la élite continental por un proyecto de Segunda división.
Y no lo hace al borde de la retirada, o con una carrera en su recta final, Morata llega a Butarque con tan solo 33 años. En términos futbolísticos, debería encontrarse todavía en una edad perfectamente competitiva para un delantero de máximo nivel.
No es una leyenda en retirada que busca los últimos minutos de su carrera. Estamos hablando de un futbolista que ha jugado más de 720 partidos oficiales, ha marcado 288 goles y todavía acumula 37 tantos con la Selección española.
Álvaro Morata ha vivido prácticamente todas las caras del fútbol
La carrera de Morata parece escrita por varios futbolistas diferentes. El delantero se formó en el Real Madrid y conquistó dos Champions League. Después se marchó a la Juventus y se convirtió en un delantero importante en Italia. Probó la Premier League con el Chelsea. Regresó a España para convertirse en uno de los referentes del Atlético de Madrid. Volvió a Italia y pasó por el Milan.
Pocos delanteros españoles de su generación pueden presumir de haber vestido tantas camisetas de semejante dimensión. Y todavía hay más: ha ganado dos Champions, dos Ligas españolas, dos Serie A, una FA Cup, tres Copas de Italia, una Eurocopa y una Nations League, entre otros títulos.
La Selección española demuestra que Morata no fue un delantero cualquiera
Quizá la mejor manera de medir la dimensión de Morata sea apartar durante un momento las críticas. Con España ha marcado 37 goles en 87 partidos y se ha convertido en el cuarto máximo goleador histórico de La Roja. Ha sido capitán. Ha ganado la Eurocopa 2024 y también levantó la Nations League en 2023.
Y aquí aparece una de las grandes contradicciones de su carrera. Morata ha sido uno de los delanteros españoles más cuestionados de la última década y, al mismo tiempo, uno de los que más ha producido con la Selección.
Ha convivido durante años con una relación extraña con la grada, la prensa y el entorno. Ha marcado goles decisivos y, poco después, ha vuelto a ser discutido. Ha sido imprescindible y prescindible prácticamente en el mismo ciclo.
Morata, el chivo expiatorio de España
La historia de Álvaro Morata también demuestra lo complicado que resulta juzgar a un delantero únicamente por sus goles.
A Morata siempre se le ha pedido algo más. Que marque. Que presione. Que juegue de espaldas. Que ataque el espacio. Que aguante los centrales. Que no falle ocasiones. Que sea titular. Que acepte ser suplente. Que lidere. Que no se queje.
Y cuando ha cumplido varias de esas funciones, muchas veces la conversación se ha quedado en un día donde no estuvo acertado. Quizá ese sea uno de los grandes males de su carrera: haber sido evaluado permanentemente contra una versión idealizada de sí mismo.
El Morata que algunos esperaban era el delantero capaz de marcar 30 goles por temporada y dominar todos los escenarios. El que existió fue diferente: un nueve móvil, trabajador, con capacidad para atacar espacios, jugar en varios contextos y aparecer en partidos importantes.
No siempre fue el delantero perfecto, pero fue un delantero extraordinariamente útil. El problema es que eso nunca pareció ser suficiente.
El Leganés una rareza o el último gran capítulo de la carrera de Morata
Su fichaje por el Leganés trae dos lecturas. Por un lado, resulta extraño ver a un futbolista con semejante palmarés en Segunda. Por otro, puede convertirse en una oportunidad magnífica para recuperar algo que quizá se había perdido entre grandes clubes, presión y expectativas: protagonismo.
Morata llega a Butarque con un currículum que probablemente ningún otro delantero de la categoría puede igualar. Llega con 21 títulos. Con dos Champions. Con una Eurocopa. Con casi 300 goles profesionales. Con la experiencia de haber jugado en España, Italia e Inglaterra. Y, sobre todo, llega todavía con edad para competir.
Su carrera ha estado marcada por una presión descomunal. Desde que apareció en el Real Madrid, cada paso parecía acompañado de una expectativa. En Juventus tenía que demostrar que estaba preparado para ser titular. En Chelsea debía justificar su precio. En el Atlético debía marcar más. En España debía convertirse en el nueve definitivo.
Siempre faltaba algo. Ahora puede ocurrir lo contrario. Puede convertirse en el gran protagonista de un proyecto sin necesidad de demostrar que pertenece a la élite. Y quizá, a los 33 años, eso tenga más valor que otro banquillo en un gigante europeo.





