El indulto a Kyrgios por cocaína es obligatorio pero su cambio debe ser vinculante

El indulto a Kyrgios por cocaína es obligatorio pero su cambio debe ser vinculante

El tenista australiano Nick Kyrgios ha sido suspendido por la Agencia Internacional de Integridad (ITIA) por la presencia de benzoilecgonina, un metabolito de la cocaína, en una muestra realizada hace un mes y por la que está sancionado desde el 4 de agosto

Escupir para arriba tiene eso, que te cae encima si no corres. Y Nick Kyrgios se ha terminado ahogando con su propia saliva. Ahora estamos obligados a perdonarle, pero él debe cambiar también desde ya. En la pista, si la vuelve a pisar, y, sobre todo, fuera de ella.

El tenista australiano ha sido suspendido por la Agencia Internacional de Integridad (ITIA), en el marco del Programa Antidopaje del Tenis, por la presencia de benzoilecgonina, un metabolito de la cocaína, en una muestra realizada hace un mes y por la que está sancionado desde el 4 de agosto.

A sus 31 años y después de vivir todo un calvario de lesiones en los últimos años en los que ha pasado más tiempo con el micrófono en mano comentando los Grand Slams que con la raqueta, ha caído en la trampa más común de los mortales: la depresión. Y fruto de ello, la muestra que le tomaron en el ATP 250 en Mallorca (España) el 22 de junio de este 2026 salió positiva en dicha sustancia. No es el primero al que le pasa ni será el último. No hay más, por eso indultarlo socialmente es obligatorio para todos nosotros.

Ha pedido perdón y ha sido valiente reconociéndolo sin paños calientes: «He dado positivo en una prueba en Mallorca. Cometí un gran error y asumo toda la responsabilidad por ello. Lo siento por mis aficionados, por mi familia, por mis patrocinadores y por todos los que están cerca de mí. Sobre todo lo siento por los niños que me siguen. Sé el ejemplo que esto supone y estoy muy decepcionado conmigo mismo. No voy a poner más excusas, pero quiero dar contexto de por lo que he pasado. Las lesiones de los últimos dos años me han hecho mucho daño, física y mentalmente. Mi cuerpo no ha sido capaz de hacer lo que mi mente espera y aceptar esto al final de mi carrera ha sido mucho más duro de lo que me pudiera haber imaginado. Siempre lo he dicho. No elegí el tenis, el tenis me eligió a mí, pero dejar ir algo que ha sido toda mi vida es una de las cosas más difíciles que he hecho. A veces me he sentido inválido y solo. Aunque nada de esto justifica lo que hice».

No es la primera vez que le pasa, por eso necesita ayuda de la buena y él lo sabe. En 2022 ya confesó ante los micrófonos de Sky Sports que llegó a abusar del alcohol y las drogas en un momento muy oscuro de su vida: «Aquello se salió de control. Estaba solo, deprimido y negativo. Aparté a mi familia y amigos”. Ahora ha recalcado que se alejará de los medios y de las redes sociales para centrarse en la reconstrucción de sí mismo, que falta le hace.

Y lo que debe hacer a partir de ahora es, sobre todo, meterse la lengua donde le quepa y no hacer más lo que hizo en diciembre de 2024, cuando criticó con dureza tanto a Sinner como a Swiatek cuando ambos fueron sancionados por dopaje: «Nunca, en toda mi vida, intentaría doparme en el tenis. Puedo romper una raqueta o ponerme emocional, pero no es nada comparado con hacer trampas y tomar sustancias para mejorar el rendimiento”. No conforme con eso, añadió lo siguiente: “Que dos número 1 del mundo hayan sido cazados por dopaje es repugnante para nuestro deporte. Da una imagen horrible”.

Ahora nos ha pedido que respetemos su privacidad durante ese tiempo y que respetemos la de su familia, justo lo que él no hacía cuando se le ponía un micrófono por delante. Ha prometido trabajar duro y volver mejor. Esperemos que se refiera a ser mejor persona, mejor compañero de profesión.

Quizás haya tocado fondo o, tal vez, sea un episodio más en su estrambótica vida. Siempre ha manifestado que él no eligió al tenis como modo de vida, que fue al revés. Como si por eso tuviésemos que perdonarlo. Qué lástima y qué pena de cuenta bancaria.

Sin duda alguna, detrás de toda personalidad como la suya hay un fuerte trauma detrás, pero eso no justifica a estas alturas de la película cualquier comportamiento. Y menos en la pista. Ayuda a comprender que haya caído en este tipo de errores, sí, porque antes de deportista es persona. Y eso es lo que, a partir de este momento, debe ver en cualquier otro semejante a él que intente ganarse la vida con el deporte o con cualquier otra profesión.

Aunque él sabe que le ha fallado a los muchos adolescentes que le siguen como deportista de elite que es, no debemos caer en el discurso fácil de que no debería pisar una pista de tenis jamás porque ha dejado de ser un ejemplo para los más jóvenes. Pero sí debemos exigirle un cambio en su personalidad antes de retomar el tenis a nivel profesional. Aunque sea forzado, aunque tenga que luchar contra sus demonios – que le seguirán de por vida – para intentar ser mejor persona, pero si lo consigue demostrará que contra un problema de salud mental también se puede luchar y ganar. Y eso nos importará más que aquellos golpes que deleitaron a todo Wimbledon cuando cayó derrotado en la final de 2016 frente a Novak Djokovic.

Y si lo logra, aunque la cocaína le haya arruinado la poca carrera que le quedaba por delante, terminará dándole las gracias por haberle hecho mejor persona, que, al final, es de lo que va esta vida.

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