El ganador del Tour en 1988 ha repasado cómo era la nutrición antes en el ciclismo para resaltar las diferencias que existen hoy día con la alimentación de los ciclistas
Hace algunas semanas, Miguel Indurain, referente absoluto del ciclismo mundial, concedió una entrevista que dio la vuelta al mundo por lo que extravagante que fue su confesión sobre la nutrición que llevaba cuando competía. Y ahora lo ha hecho su amigo Pedro ‘Perico’ Delgado.
El primero lo hizo para la revista Woman, donde resaltó la diferente que existe entre el ciclismo que él practicaba y el de ahora en cuanto a la alimentación se refiere: «En mi época, no existían las barritas ni los geles, sino que se recurría a bocadillos de jamón y queso o pasteles comprados por los masajistas del equipo. En los años noventa, la planificación nutricional era mucho más rudimentaria y se basaba en alimentos tradicionales para soportar el desgaste físico diario».
En este mismo sentido, el ganador de cinco Tour de Francia también reveló que sus ‘pájaras’ (caídas bruscas de energía) no siempre respondían a una única causa, sino que eran varias las que podían provocarlas: «Como la deshidratación, el frío tras horas de esfuerzo o incluso la concentración extrema podían hacer que olvidara comer a tiempo». En definitiva, aquella falta de control nutricional convertía cada jornada en un equilibrio delicado entre rendimiento y supervivencia física.
Pues bien, ahora ha sido otro clásico del ciclismo español, Perico Delgado, quien ha recordado su época de ciclista para hace hincapié también en este asunto de la comida.
El exciclista segoviano y hoy comentarista en RTVE, es un amante de las redes sociales y cada vez que puede deja sus impresiones sobre el ciclismo actual en ellas. Sin embargo, esta vez lo ha hecho en Ciclismo al día, donde ha confesado cuál era su desayuno antes de competir.
«Me tomaba una tortilla de patata de dos huevos, un bistec de ternera grande, un plato de macarrones o arroz y pan tostado. Y de postre, café con leche y magdalenas. Esto lo haces ahora y te echan», ha subrayado el ganador del Tour de Francia (1988) y de La Vuelta (1985 y 1989).
La prioridad de antes era lograr que el depósito estuviese siempre lleno, ahora no: «Yo nunca pasé hambre».

Ahora, la extrema delgadez de los ciclistas ponen incluso en cuestión que dicha nutrición sea lo más ideal. Pero en un mundo donde se busca la profesionalización máxima en todos los sectores y se mide hasta la última gota de agua que hay en el cuerpo, ya nada puede ser como antes.
Y Perico Delgado lo tiene claro, tal y como confesó en una entrevista con La Razón: «Mi ciclismo era más divertido». Eso sí, el segoviano reconoce que «tenía facilidad para hacer la digestión» y que «no engordaba», justo todo lo contrario de lo que sufría Indurain: «Yo podía comerme un bocadillo, una cerveza y unos dulces tras las etapas, pero Miguel tenía que conformarse con un zumo de naranja para saciar su hambre».
La comida, siempre en la cabeza de Miguel Indurain
El exciclista navarro llegó al ciclismo, de hecho, gracias en parte a la alimentación, tal y como ha confesado en una de sus entrevistas concedidas en L’Equipe: «Mis padres son gente sencilla y religiosa, a los que también les importa un comino si soy campeón. Se preocuparon un poco cuando dejé los estudios. En mi casa tenía una bicicleta para ir por los campos, pero jamás conservaba fotos de ciclistas ni sabía nada de la historia del ciclismo. No tenía ídolos. Al ciclismo llegué por casualidad. Un día me presenté a una carrera; logré el segundo puesto y me dieron un bocadillo y una Fanta, y eso me gustó«, dijo Miguel Indurain en una entrevista que concedió a L’Équipe hace unos años.
La ayuda de Indurain a Perico Delgado
En la trayectoria de ambos, siempre será recordada la temporada de 1990. Por aquel entonces Miguel Indurain podría haber optado a ganar el Tour de Francia, porque ya tenía cualidades para hacerlo. Sin embargo, el navarro prefirió ejercer de peón para Perico Delgado, pese a que este finalmente se quedó con las ganas de ser campeón.
«Siempre le he ayudado, porque era una especie de ídolo para todo el mundo, por espíritu de equipo y también por amistad«, manifestó Indurain. Al final, Indurain terminó siendo décimo en la clasificación general de aquella edición. Todo un anticipo para lo que firmaría después, cinco Tour de Francia ganados de manera consecutiva entre los años 1991 y 1995.





