Bellingham y Rüdiger no pudieron ocultar su indignación a la conclusión del partido; sus compañeros no quisieron comparecer ante los medios para evitar declaraciones que pudiesen incurrir en sanciones
La eliminación del Real Madrid en el Allianz Arena dejó mucho más que un poso de tristeza. Dejó indignación. Los jugadores tenían la sensación compartida de haber perdido la eliminatoria por la expulsión de Eduardo Camavinga en el tramo final del partido ante el Bayern Múnich, una decisión arbitral que acabó marcando el desenlace de unos cuartos de final que el conjunto blanco pelearon hasta el límite.
El mal ambiente tras el pitido final resultó más que significativo. Ningún jugador del Real Madrid quiso hablar públicamente. Ni en televisión ni en zona mixta. El silencio no fue casual sino una decisión caliente para evitar sanciones por parte de la UEFA. Dentro del vestuario se respiraba rabia, mucha rabia. Aun así, hubo pequeños gestos que lo dijeron todo.
Jude Bellingham fue uno de los pocos que se pronunció, y lo hizo sin rodeos. Para él, la expulsión fue directamente «una broma». Más contenido se mostró Antonio Rüdiger, aunque su silencio también fue explícito. «Es mejor que no hable esta noche», dejó caer, evidenciando así su enfado. Su frase resumía perfectamente el sentir de todo el vestuario.
«No se puede expulsar a un jugador por una cosa así. Se ha cargado una eliminatoria y un partido que era muy bonito e igualado y estaba en todo lo alto. En ese momento la eliminatoria se ha terminado. Es una acción injusta y estamos muy dolidos. Es algo que no puedes controlar», lamentó Álvaro Arbeloa en sala de prensa. El entrenador salmantino fue el único que se expuso ante los medios.
La doble amarilla a Camavinga se ‘cargó’ el final soñado
La jugada en cuestión llegó en el minuto 86. Camavinga, que ya tenía una amarilla, se hizo con el balón tras cometer una falta y perdió unos pocos segundos reteniendo la pelota en sus manos mientras recuperaba la posición. Slavko Vincic le enseñó inmediatamente la segunda cartulina, una decisión de una rigurosidad extrema que dejó al Madrid con diez en el peor momento posible. Los de Arbeloa se mostraron incrédulos ante semejante determinación del colegiado esloveno. Manos a la cabeza.
De hecho, algunos futbolistas del Real Madrid estaban ciertamente asombrados porque el árbitro parecía haber olvidado que Camavinga tenía ya una amarilla. De haberlo sabido, se la habría ahorrado. Es más, fueron los propios jugadores del Bayern quienes le recordaron que era la segunda amonestación para el francés. Cuando Vincic cayó en la cuenta, ya no tuvo más remedio que tirar para delante con su decisión y mostrarle la roja.
Apenas unos minutos después, Luis Díaz marcó el 3-3 que acabó con las opciones blancas en el cómputo de la eliminatoria.
Güler, también expulsado por protestar
La indignación no terminó ahí. Incluso Arda Güler, uno de los mejores del partido, acabó expulsado tras protestar al árbitro al final del encuentro, reflejo claro de la tensión acumulada. El dato que más dolía en el vestuario era otro: el Real Madrid apenas cometió seis faltas en todo el partido. Un encuentro limpio, de guante blanco, que terminó con una sanción que muchos consideran desproporcionada.
La polémica no estuvo solo en la decisión, sino en el contexto. Este tipo de acciones, especialmente en partidos de máxima exigencia europea, suelen manejarse con otro criterio. Desde la propia UEFA se ha insistido en numerosas ocasiones en evitar expulsiones que puedan condicionar de forma tan directa encuentros de este nivel. Y por eso, dentro del madridismo, la sensación es de castigo excesivo.
Camavinga, reincidente
Eso sí, también hay autocrítica. Porque más allá de la dureza de la decisión, el propio Camavinga asumió un riesgo innecesario. Sabía que estaba amonestado y aun así decidió llevarse el balón en una acción que el árbitro podía interpretar como pérdida de tiempo. No es la primera vez que le ocurre algo similar. La temporada pasada, en la eliminatoria de ida ante el Arsenal, tuvo una situación parecida y también acabó en la calle. El francés soltó un pelotazo contra la banda y el colegiado del partido, Irfan Peljto, le mostró la segunda amarilla y su consiguiente roja que le hizo perderse la vuelta en el Bernabéu, un partido en el que el Madrid no pudo remontar y cayó eliminado de la Copa de Europa.

Más allá de la polémica, la consecuencia es devastadora. El Real Madrid dice adiós a la temporada demasiado pronto, algo poco habitual en un club acostumbrado a competir hasta el final por todos los títulos. La Champions, su territorio natural, vuelve a escaparse. Y lo hace en una noche en la que el equipo mostró su mejor cara durante muchos minutos, compitiendo de tú a tú en uno de los escenarios más exigentes de Europa.
Ahora llega el momento de las decisiones. El club, fiel a su filosofía, rara vez mantiene a un entrenador que no consigue títulos. Y aunque Álvaro Arbeloa llegó con la temporada empezada, el futuro se presenta incierto. En Valdebebas se avecinan cambios.





