El seleccionador español convirtió la exigencia diaria, el entrenamiento invisible y la mejora personal en las bases del equipo que conquistó con España el Mundial 2026
Luis de la Fuente ha convertido la superación diaria en uno de los grandes pilares de la selección española. El técnico entiende cada sesión como una oportunidad para perfeccionarse, competir contra los propios límites y evitar que los éxitos alcanzados conduzcan a la complacencia.
Su filosofía adquirió una nueva dimensión después de que España derrotase a Argentina en la final del Mundial 2026. La Roja no solo conquistó su segunda estrella, sino que completó una de las actuaciones colectivas más dominantes de la historia de la competición.
Luis de la Fuente convierte cada entrenamiento de España en una prueba
El seleccionador explica en su autobiografía, ‘La vida se entrena cada día’, que acostumbra a agradecer el esfuerzo de los futbolistas después de cada sesión. Incluso cuando el trabajo ha sido satisfactorio, termina sus charlas recordándoles que al día siguiente tienen la obligación de mejorar.
No se trata únicamente de un mensaje dirigido al vestuario. De la Fuente intenta predicar con el ejemplo y sus jugadores suelen verlo trabajando en el gimnasio. A sus 65 años continúa entrenándose porque concibe el ejercicio como una herramienta física, pero también como una forma de disciplina mental.
Esa exigencia permite entender cómo gestiona los éxitos. España ganó la Liga de Naciones en 2023, conquistó la Eurocopa de 2024 y se proclamó campeona del mundo en 2026, pero el técnico se resiste a presentar los títulos anteriores como garantía de nada. Cada convocatoria y cada entrenamiento vuelven a empezar desde cero.
Lamine Yamal encarna el entrenamiento invisible que exige la Selección
Uno de los ejemplos que suele utilizar De la Fuente es Lamine Yamal. El seleccionador conoce al extremo desde las categorías inferiores y considera que su crecimiento no puede explicarse solamente mediante unas condiciones técnicas extraordinarias.
El joven dedica alrededor de tres horas diarias al entrenamiento y completa su preparación con trabajo de gimnasio, fisioterapia, nutrición y apoyo psicológico. Es lo que el técnico denomina entrenamiento invisible: todo aquello que un futbolista realiza lejos de las cámaras para poder rendir cuando llega el partido.
De la Fuente insiste en que a Lamine nadie le ha regalado su progresión. El talento abre puertas, pero únicamente la disciplina permite permanecer en la élite. Esa combinación fue determinante para que el jugador del Barcelona llegase preparado al Mundial y se convirtiese, junto a Pau Cubarsí, en uno de los adolescentes que disputaron y ganaron una final mundialista.
El criterio también afecta a la construcción del vestuario. El riojano busca futbolistas solidarios, generosos y dispuestos a anteponer el colectivo a su situación particular. La calidad es imprescindible para entrar en la Selección, pero no sirve si amenaza el equilibrio del grupo.
Unai Simón, Cubarsí y España trasladaron la teoría al Mundial 2026
El campeonato disputado en Estados Unidos, México y Canadá ofreció la demostración más clara de esa idea. España marcó 14 goles, su mejor registro histórico en un Mundial, pero edificó el título desde un compromiso defensivo que implicó a todos los jugadores.
La Roja solo encajó un gol en ocho partidos, estableciendo el mejor registro de cualquier campeón mundial. Unai Simón mantuvo siete porterías a cero y recibió el Guante de Oro, mientras Cubarsí y Aymeric Laporte dieron estabilidad a una defensa cuestionada antes del torneo.
España tampoco estuvo por debajo en el marcador durante un solo minuto. Después de empatar contra Cabo Verde en su estreno, superó sucesivamente a Arabia Saudí, Uruguay, Austria, Portugal, Bélgica, Francia y Argentina. La victoria en la final amplió hasta 38 partidos su racha sin perder durante el tiempo reglamentario.
El gol de Ferran Torres en el minuto 106 contra la vigente campeona resumió otra de las convicciones del seleccionador. El héroe no fue necesariamente la figura más mediática ni uno de los titulares habituales, sino un futbolista preparado para responder cuando el equipo necesitó su oportunidad.
Nations League, Eurocopa y Mundial coronan el método de De la Fuente
El éxito tampoco nació de manera repentina. Antes de asumir la selección absoluta, De la Fuente fue campeón de Europa sub-19 en 2015, conquistó el Europeo sub-21 de 2019 y obtuvo la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Tokio. Durante ese recorrido dirigió a buena parte de los futbolistas que después formaron la columna vertebral de La Roja.
Su experiencia le permitió construir un liderazgo cercano sin renunciar a la autoridad. Escucha a su cuerpo técnico y mantiene una relación directa con los jugadores, pero se reserva unas decisiones en las que el rendimiento presente debe imponerse al nombre, la edad o los servicios prestados.
Con 65 años y 28 días, De la Fuente se convirtió además en el entrenador más veterano que ha ganado un Mundial. Superó el récord que Vicente del Bosque estableció en 2010 y completó una secuencia de tres grandes títulos con la absoluta en poco más de tres años.
El próximo desafío será defender la corona continental en la Eurocopa de 2028. Para entonces habrá nuevas figuras, otros rivales y decisiones difíciles. El punto de partida, sin embargo, no cambiará: volver al gimnasio, entrenar otra vez y competir contra la versión del día anterior.





