El excapitán del Real Madrid y de España recuerda la relación con su padre, José Luis Casillas, durante sus inicios: «No quiero que suene prepotente, a mi padre todos los entrenadores le decían que era bueno, que iba a llegar a ser portero del Madrid. Él sabía que era bueno, pero no quería que me confundiera»
A sus 45 años, Iker Casillas sigue sin despegarse del fútbol, aunque ahora lo haga desde el otro lado de la pantalla. El exguardameta del Real Madrid y de la Selección Española vivió el pasado Mundial de Estados Unidos, México y Canadá como analista de TV Azteca, protagonizando incluso un sonado debate con Jorge Valdano sobre el nivel del fútbol europeo y el sudamericano. Llegó a apostarse una cena con el argentino a que Argentina no ganaría el Mundial; una apuesta que, a tenor de la final de New Jersey, acabó ganando el de Móstoles.
Sin embargo, el Casillas más reconocible, el de los títulos y los focos, esconde otra historia muy diferente. La de un niño de una familia humilde que, siendo un crío, llegó a la cantera del Real Madrid gracias a un padre guardia civil que no faltó un solo día a la cita. Una historia que el propio Iker contó en su día a Vicente del Bosque y que vuelve a circular estos días.
José Luis Casillas, el guardia civil que llevó a Iker al Real Madrid
Casillas llegó a las categorías inferiores del Real Madrid con tan sólo nueve años y, desde entonces, fue su padre, José Luis Casillas, quien se encargó de llevarlo a diario a los entrenamientos desde Móstoles. Así lo relató el propio Iker en octubre de 2020, durante la charla que mantuvo con Vicente del Bosque para El País, apenas dos meses después de anunciar su retirada: «No eran las mismas carreteras, ni los mismos transportes. Eso es lo que la gente no ve. Ve todo lo que he ganado, pero no que durante ocho años mi padre cogía el coche y me llevaba desde Móstoles. Y nunca se metió en nada».
Ocho años de idas y venidas por las carreteras de la periferia madrileña, con el colegio de por medio y sin ningún tipo de garantía de que aquel esfuerzo fuera a tener recompensa. Algo que, lógicamente, en casa de los Casillas no se tomaban a la ligera.
Y es que la historia del padre de Iker Casillas es la de muchos padres de futbolistas de su generación, pero con un matiz que marcó para siempre la educación del portero: su oficio. José Luis era guardia civil, y la disciplina del cuerpo se trasladó también a la manera de gestionar el talento de su hijo, de quien ya se hablaba maravillas en la cantera blanca.
Iker Casillas, sobre su padre: «Nunca se metió en nada»
Lejos de convertirse en el típico padre que empuja a su hijo desde la grada, José Luis optó por el camino contrario. Los técnicos de las categorías inferiores del Real Madrid ya le advertían de lo que tenía entre manos, pero él prefirió mantener a Iker con los pies en el suelo y ser, incluso, más estricto con él. «No quiero que suene prepotente, a mi padre todos los entrenadores le decían que era bueno, que iba a llegar a ser portero del Madrid. Él sabía que era bueno, pero no quería que me confundiera”, explicaba el de Móstoles en aquella conversación con Del Bosque.
Una forma de educar que, vista con perspectiva, dice mucho del Iker Casillas que vino después. El que debutó en el primer equipo con 18 años, el que se hizo con la titularidad de la mano de Del Bosque y el que levantó la Champions League de 2000 con tan sólo 19, cuando todavía muchos de sus compañeros de generación seguían peleando por un hueco en el filial.
Nunca se metió en nada. Ni en las alineaciones, ni en los contratos, ni en las decisiones de los entrenadores. Su papel, en cualquier caso, fue otro: estar.
De un piso de 60 metros en Móstoles a la portería del Real Madrid
La infancia de Iker Casillas estuvo muy alejada de los lujos que hoy rodean a las jóvenes promesas del fútbol. «Digamos que mi infancia fue austera. Vivíamos en un piso de 60 metros cuadrados en Móstoles», llegó a explicar el exportero en una entrevista con XL Semanal. Su madre, María del Carmen Fernández, era ama de casa y su padre, José Luis, trabajaba como guardia civil.
Tanto es así que José Luis llegó a pedir en dos ocasiones el traslado al País Vasco para cobrar los pluses de destino y ganar algo más de dinero para la familia. Fue precisamente durante esa etapa en el norte cuando el matrimonio decidió que sus dos hijos llevarían nombres vascos: Iker y Unai. Un detalle que explica, por tanto, el nombre de uno de los grandes porteros de la historia del fútbol español, pese a haberse criado en el sur de Madrid.
Con ese contexto, el esfuerzo de José Luis para llevar a diario a su hijo a entrenar cobra todavía más valor. No había chófer ni facilidades de ningún tipo. Había un padre, un coche y muchos kilómetros por delante. Así funcionaba esto.
La quiniela que Iker Casillas olvidó sellar
Amén del sacrificio diario, en la familia Casillas hay una anécdota que resume a la perfección aquellos años. José Luis era un gran aficionado a la quiniela y, en una ocasión, le encargó a un jovencísimo Iker que fuera a sellar el boleto. El niño, despistado, nunca llegó a entregarlo. Aquel fin de semana, sin embargo, su padre acertó todos los resultados. Un premio que la familia nunca llegó a cobrar.
Lejos de convertirse en un drama, la historia ha pasado a formar parte del anecdotario familiar de los Casillas. La vida no les dio aquel atajo, pero les dio otra cosa: un hijo que, años después, acabaría levantando la Copa del Mundo en Johannesburgo como capitán de la ‘Roja’.
Antes de todo ello, eso sí, Casillas ya había ganado el Mundial Sub-20 de 1999 con aquella generación de oro de la selección española sub 20, y apenas unos meses después debutaba con el primer equipo del Real Madrid. El resto es historia: la Eurocopa de 2008, el Mundial de 2010, la Eurocopa de 2012 y la Décima, la de Lisboa, que levantó como capitán en 2014. La misma camiseta de Sudáfrica con la que tocó el cielo, por cierto, protagonizó este verano un falso robo en el Museo Legends que resultó ser una campaña publicitaria.

Del Bosque, el infarto y un Casillas sin rencores
La conversación con Del Bosque no se quedó sólo en la figura de su padre. Casillas también repasó su salida del Real Madrid en 2015, marcada por el enfrentamiento con una parte de la grada, y lo hizo sin guardarse nada: «Fue una parte mínima del madridismo más joven y voraz. No lo entendía. En lugar de pensar que el resto me aplaudía y estaba orgulloso de mí…».
Tras su marcha al Oporto, el infarto que sufrió en mayo de 2019 durante un entrenamiento cambió por completo su manera de ver las cosas. «Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que toda esa gente que me criticaba lo puede seguir haciendo, pero hay otra que te sigue idolatrando y me quiere más todavía por todo lo que ha pasado. Si miro atrás no tengo por qué pedir perdón. Está olvidado. Después de lo que me pasó hace año y medio lo veo como una anécdota», sentenció.
No es la primera vez que un grande del deporte pone en valor el papel de su padre en su carrera. Lo hizo Valentí, el padre de Pep Guardiola, que llevó a su hijo a las pruebas del Barça en un Renault 5, y lo hizo también Perico Delgado al recordar los consejos de su padre. En el caso de Casillas, el vínculo con el oficio de su padre sigue muy presente: en 2024 se hizo con una moto BMW que había utilizado la Guardia Civil entre 1960 y 1974.





