El delantero camerunés Etta Eyong atraviesa su etapa más oscura en el cuadro granota, tras un arranque liguero espectacular que levantó pasiones en Europa, el atacante no disputó ni un solo minuto frente al Oviedo, devorado por su sequía y el brillante estado de forma de Carlos Espí
El fútbol es un estado de ánimo y, en el caso de Etta Eyong, la montaña rusa de sensaciones está siendo digna de estudio en la presente temporada. El levantinismo se frotaba las manos durante los compases iniciales del campeonato, la dirección deportiva granota parecía haber firmado una operación maestra cuando el pasado mes de septiembre decidió hacer un esfuerzo económico, asumiendo un desembolso de 3,8 millones de euros para asegurar los servicios del camerunés, y no era para menos, pues sus actuaciones sobre el verde con el Villarreal CF justificaban sobradamente la inversión.
Sus números hablaban alto y claro, con un balance espectacular de cinco dianas y tres pases de gol en las ocho jornadas iniciales, el ariete se coronó rápidamente como el gran ídolo de la afición y la principal amenaza del esquema ofensivo. El ruido mediático no tardó en llegar y las sirenas del mercado sonaron con una fuerza inusitada. Desde Rusia se destapó una faraónica propuesta de 30 ‘kilos’ procedente del CSKA de Moscú, una cantidad que apuntaba a ser la gran inyección de capital de la década para la entidad, sin embargo, aquel futbolista imparable y diferencial parece haberse esfumado.
El apagón de cara a puerta y la pérdida de fuelle con Luís Castro
La pólvora del internacional camerunés se ha mojado de una manera drástica. Para encontrar su última celebración hay que remontarse demasiadas hojas atrás en el calendario, concretamente, no ve puerta desde finales del mes de octubre, fecha en la que castigó las redes del RCD Mallorca. A partir de ese preciso instante, su peso en los partidos ha experimentado un declive constante, agravado por los recientes movimientos en el banquillo y sus ausencias internacionales.
Tras su periplo en la Copa de África, el actual técnico del equipo, Luís Castro, intentó reintroducir al ariete en la dinámica competitiva de forma fulgurante. Nada más aterrizar de su viaje, el preparador portugués confió en él para el tramo final del tenso choque contra el RCD Espanyol, en lo que suponía apenas el segundo partido de Castro al mando, parecía un espaldarazo total, pero terminó siendo un espejismo.
Las estadísticas son frías y dictan que, bajo las directrices del míster luso, el camerunés ha partido desde el once inicial en apenas tres de los últimos trece compromisos, ante rivales de la talla del Real Madrid en el Santiago Bernabéu, el Elche CF como locales y el Athletic Club en San Mamés. Su figura se ha ido difuminando hasta consumar la alarma en la reciente victoria ante el Real Oviedo, por primera vez en toda la temporada, Etta Eyong presencio el partido entero desde el banquillo.
Carlos Espí, el canterano que le ha arrebatado el trono y la titularidad
En el fútbol de élite los vacíos no existen, y el hundimiento deportivo del camerunés ha encumbrado a un nuevo héroe local. Mientras el fichaje estrella languidece en la sombra, el talento de la casa exige su cuota de protagonismo con una contundencia atroz, Carlos Espí le ha comido la tostada por completo, dinamitando la jerarquía de delanteros que parecía inamovible meses atrás.
El corpulento delantero, originario de Tavernes de la Valldigna, ha destrozado la puerta del primer equipo a base de tesón y, por encima de todo, de un instinto asesino en el área. El jovencísimo ariete valenciano no solo se ha hecho dueño y señor de la punta de ataque, sino que se ha consagrado como el máximo artillero de la plantilla, sumando ya nueve dianas. Lo verdaderamente salvaje de su explosión es la concentración de sus cifras: ha anotado seis de esos nueve tantos en los últimos cuatro encuentros, evidenciando un estado de gracia superlativo.

La irrupción huracanada de Carlos Espí ha dejado una víctima muy clara, Etta Eyong, aquel jugador por el que suspiraban los grandes clubes europeos hace apenas un suspiro, es a día de hoy una pieza secundaria. Un efectivo completamente invisible en los planes actuales que necesitará resetear su mente si no quiere que su historia en el Levante acabe siendo un recuerdo fugaz.




