El empresario alicantino mantiene intacta su vinculación con el club tras las últimas elecciones y prepara su regreso a la primera línea desde una posición mucho más discreta, mientras el presidente blanco continúa viéndolo como una amenaza
Enrique Riquelme perdió las elecciones del Real Madrid, pero no ha renunciado a su gran ambición de sentarse en el palco del Santiago Bernabéu. El empresario alicantino sigue teniendo en la cabeza convertirse algún día en presidente del club y su entorno entiende que el horizonte natural para volver a intentarlo se sitúa en el año 2030, pero no se descarta que pueda ocurrir antes.
No hay una candidatura oficial ni campaña electoral abierta, pero sí una hoja de ruta que pasa por permanecer cerca del socio y continuar construyendo la alternativa. La gran diferencia respecto a los meses previos a las elecciones es que Riquelme ya no necesita estar permanentemente en primera línea.
Su candidatura sorprendió a Florentino Pérez, que convocó los comicios convencido de que nadie conseguiría reunir el aval económico necesario para presentarse. Riquelme lo consiguió, puso sobre la mesa cerca de 190 millones de euros y terminó obteniendo alrededor del 35% de los votos.
Florentino ganó con claridad, pero el resultado de su rival fue mucho más importante de lo que muchos esperaban. Ese 35% es precisamente lo que convierte a Riquelme en una alternativa real para el futuro.
Florentino lo ha declarado enemigo
La relación entre ambos dirigentes está lejos de ser cordial. Florentino Pérez ha señalado públicamente a Riquelme como un enemigo y su entorno considera que el empresario continúa siendo una amenaza para su proyecto. El episodio del Metropolitano, cuando el presidente del Real Madrid llegó a decir que abandonaría el palco si se encontraba con su antiguo rival electoral, fue la última muestra de una tensión que viene de lejos por parte del presidente de ACS.
Es evidente que al mandamás blanco le genera nerviosismo la presencia de este rival, el más incómodo que ha tenido en un cuarto de siglo de mandato.
Riquelme, en cambio, ha optado por un discurso completamente diferente. Mucho más conciliador, siempre que se refiere a Florentino intenta mantener las formas y evita entrar en una guerra personal. Para su entorno, las elecciones ya son pasado y ahora lo prioritario es que el Real Madrid tenga estabilidad. «Alternativa no significa oposición», es la idea que transmiten desde su círculo más cercano.
El empresario felicitó a Florentino después de la victoria electoral y decidió regresar a su vida profesional. Pero una cosa es no entrar en el cuerpo a cuerpo y otra muy diferente renunciar a su proyecto.

Una campaña a largo plazo
Pese a ello, Riquelme sigue haciendo campaña a su manera. Su actividad empresarial le mantiene muy ocupado y su residencia y actividad fiscal se encuentran actualmente en Panamá, donde desarrolla buena parte de sus negocios vinculados a Cox y a sus inversiones en América Latina. Su reciente presencia en Nueva York, donde recibió el Premio de Impacto Iberoamericano 2026 durante la Asamblea General de Naciones Unidas, es una muestra de la dimensión internacional que ha adquirido su actividad.
En paralelo, su mensaje continúa girando alrededor de conceptos que también estuvieron presentes durante la campaña electoral: profesionalización, inversión, modernización y, sobre todo, recuperar el protagonismo del socio.
Su próximo movimiento relacionado directamente con el Real Madrid será reabrir la sede electoral de la calle Rafael Salgado, junto al Santiago Bernabéu, para convertirla en una plataforma de escucha para los socios. «Será el proceso de escucha más grande de la historia del club», aseguran desde su entorno.
La intención es que los madridistas puedan trasladar allí sus quejas, propuestas, proyectos e inquietudes. Una forma de mantener abierta una puerta que Riquelme considera fundamental para el futuro de la entidad.

El cambio societario, la línea roja
El empresario no pretende enfrentarse a Florentino por cada decisión, pero sí tiene identificadas determinadas líneas rojas. La principal es el posible cambio en la estructura societaria del Real Madrid.
Si el presidente decide finalmente convocar una asamblea para plantear la entrada de capital externo mediante la venta de un porcentaje del club, como planteó durante la campaña electoral, Riquelme sí estaría dispuesto a plantar batalla. Es ahí donde puede aparecer de nuevo el rival electoral que Florentino consiguió derrotar en junio. Riquelme no quiere vivir en una oposición permanente, pero tampoco está dispuesto a dar por bueno todo lo que haga la actual dirección.
El traslado a Panamá no cambia sus planes
Su nueva realidad empresarial tampoco significa alejarse del Real Madrid. Riquelme entiende que puede compaginar sus responsabilidades al frente de Cox con su condición de socio y con el papel de alternativa que adquirió después de las elecciones. «Él salió de las elecciones con la sensación de que el socio lleva 20 años olvidado», explican desde su entorno.
Por eso no pretende desaparecer. Quiere escuchar, observar y construir desde una posición mucho menos visible. «No puedes preparar unos Juegos Olímpicos durante cuatro años y pensar que van a ser cada semana», repiten quienes le conocen.

La estrategia sigue siendo clara: no entrar en la guerra personal con Florentino, pero tampoco achantarse. Riquelme considera que tiene recorrido por delante y que el Real Madrid puede volver a abrir las urnas en el futuro.
Florentino tiene cuatro años por delante para consolidar su nuevo mandato. Riquelme también tiene cuatro años para seguir construyendo su alternativa. Y ahí está precisamente la sombra que, pese a la derrota electoral, el presidente madridista no parece dispuesto a perder de vista.





