El mercado amarillo parece haberse quedado suspendido en un extraño limbo; mientras otros clubes anuncian presentaciones y caras nuevas, el mes de julio se está haciendo cansino en el ‘Submarino’, aunque la confianza en la gestión del club se mantiene completamente intacta
El verano siempre se hace cansino. Es una constante. Los meses de julio y agosto caen como una losa recalentada por el sol para quien no tiene el placer de disfrutar de un respiro vacacional por el camino. En La Cerámica, con los futbolistas ya de regreso tras un largo asueto y un espacioso Mundial paladeado, la dirección deportiva ha tenido tiempo de sobra para afanarse en las contrataciones, pero lo cierto es que ha habido poco o nada que saborear en este menester.
El único fichaje del Villarreal sigue siendo hasta el momento Carlos Romero, un regreso que se oficializó el pasado 29 de mayo, es decir, han pasado más de 50 días desde que el club rindió honores a la vuelta del lateral valenciano con tintes de fichaje mediático cuando ya era patrimonio de la entidad ya que ha vuelto tras dos años cedido en el Espanyol. Desde aquel día, el 29 de mayo, la sensación es la de haber quedado atrapado en un eterno punto suspensivo.
Y es que hay silencios que pueden transmitir confianza y otros, en cambio, terminan generando cierta inquietud. Aún así, nadie duda de que el club tenga un plan. Nunca se ha dado la sensación de improvisar, pero tampoco puede negarse que la espera empiece a hacerse demasiado larga.
Un mercado narrado a base de despedidas
Resulta curioso repasar la actualidad del Villarreal estas últimas semanas. Casi todas las noticias oficiales tienen el mismo denominador común: despedidas.
En el primer equipo ya se han confirmado las salidas de Ramón Terrats y Diego Conde. Antes se marcharon Dani Parejo, Alfonso Pedraza, Rafa Marín, Thomas Partey o Alfon González. Ahora se habla de Arnau Tenas, Pape Gueye, Álex Forés e incluso Ayoze Pérez… Solo la renovación de Pau Navarro se sintió como una sonrisa al futuro, aunque sigue sin modificar la fotografía general.
Mientras tanto, la cantera también se ha ido vaciando poco a poco. Víctor Moreno, Dani Requena, Toni Tamarit, Jean Ives Valou o Thiago Ojeda han ido haciendo las maletas. Movimientos lógicos dentro de una planificación que el club nunca ha escondido necesaria para dar sitio a otros futbolistas, pero el efecto acumulativo termina pesando en el aficionado. ¿Y los fichajes para cuándo?

El mercado de los ‘casi’
De los futbolistas que han sonado, nada se ha concretado. Desde Luis Milla hasta Guido Rodríguez, todos ellos eligieron finalmente otros caminos, síntoma inequívoco de que las apuestas del Villarreal no están siendo las de antaño. Quizá lo que mejor define este verano sea la cantidad de nombres que han pasado de puntillas por la órbita amarilla.
Han surgido decenas de especulaciones, perfiles interesantes y operaciones aparentemente bien encaminadas. Sin embargo, ninguna ha terminado cristalizando. Antes daba la sensación de que cuando el Villarreal apostaba de verdad, la operación se terminaba cerrando. Este verano no es el caso. El mercado parece bastante más competido y las ofertas parecen más medidas. Los jugadores tienen más propuestas, los salarios son más elevados y convencer a determinados perfiles resulta complicado si la oferta va ajustada.
No significa que el Villarreal haya perdido atractivo. Sigue ofreciendo Champions, estabilidad y un modelo deportivo reconocido y exitoso, pero sí da la impresión de que este mercado hay una limitación autoimpuesta que hace al club jugar con cierta desventaja.
Esperando la pieza que haga caer el dominó
En realidad, todo el mundo sabe cuál es la operación que puede cambiar el verano: Pape Gueye. Da la sensación de que buena parte de la planificación gira alrededor de una gran venta. Si el senegalés termina marchándose, el club dispondrá del margen económico suficiente para activar varias operaciones de manera casi simultánea. Será el clásico efecto dominó. Hasta entonces, tocará esperar.

También Iñigo Pérez parece asumirlo con naturalidad. Mientras llegan los refuerzos, observa a futbolistas como Thiago Fernández, prueba alternativas del filial y comienza a construir una idea con lo que puede tener a su disposición. Ahora bien, por el momento, todo sabe a solución provisional.
La paciencia también forma parte del proyecto
El Villarreal siempre ficha tarde. No sería la primera vez que el club cocina a fuego lento un mercado que parecía detenido y termina resolviendo varias operaciones en apenas dos semanas. La diferencia es que este año la sensación de vacío ha coincidido con un contexto especialmente delicado. Se han ido futbolistas muy importantes y, de momento, nadie ha ocupado todavía ese lugar. Eso hace que el silencio pese un poco más.
Y, sin embargo, la ilusión permanece
Quizá sea uno de los mayores activos que tiene hoy el Villarreal. La afición sigue creyendo. La campaña de abonados ha tenido una buena acogida pese a lo poco que tiene para agarrarse. Sigue confiando en una dirección deportiva que se ha ganado ese crédito durante muchos años haciendo las cosas bastante mejor que la mayoría. No hay ansiedad descontrolada. Hay impaciencia, que no es exactamente lo mismo.
Además, conviene no perder de vista el calendario. El Mundial acaba de echar el telón. Es ahora cuando realmente empieza a moverse el mercado. Las grandes ventas desencadenan otras operaciones, aparecen oportunidades que antes no existían y los clubes empiezan a tomar decisiones decisivas. Da la sensación de que lo mejor, o al menos lo más intenso del mercado, está por llegar y va a venir todo de golpe.





