El Trofeo Carranza y el eterno castigo al abonado del Cádiz

El Trofeo Carranza y el eterno castigo al abonado del Cádiz

El Trofeo Carranza siempre ha sido mucho más que un amistoso para el cadismo. Por eso, la decisión de que los abonados tengan que volver a pagar para asistir reabre un debate incómodo: ¿hasta qué punto se recompensa la fidelidad de una afición que ya soporta uno de los carnés más caros del fútbol español?

Hay decisiones que se pueden entender. Otras, simplemente, cuesta explicarlas. Que un aficionado tenga que volver a pasar por caja para asistir al Trofeo Carranza, el torneo más emblemático de la historia del Cádiz CF, es una de ellas.

Porque el debate no es si las entradas cuestan tanto de dinero. El debate va mucho más allá: ¿qué recompensa obtiene realmente el abonado por su fidelidad?

El Cádiz presume cada verano de una afición incomparable. Y no le falta razón. El cadismo llena el estadio en Primera, en Segunda, después de un descenso o tras una temporada decepcionante. Renueva sin mirar la clasificación y sostiene al club cuando los resultados no acompañan. Sin embargo, la sensación que vuelve a quedar es que esa lealtad se da por descontada.

Esta temporada, los abonados disponen de descuentos para asistir al Trofeo Carranza, pero deben comprar una entrada específica para acceder al torneo que cuesta 8 euros. El problema es el contexto. El carnet del Cádiz ya se encuentra entre los más caros del fútbol español, especialmente si se compara con otros clubes de Primera y Segunda División en relación con la categoría y el potencial económico de la entidad.

Y ahí aparece la pregunta que muchos aficionados se hacen y que por eso muchos no asistirán al torneo.

¿No debería estar incluido el Trofeo Carranza en el abono?

No hablamos de un amistoso cualquiera. El Trofeo Carranza forma parte de la identidad del club. Es patrimonio sentimental del cadismo. Durante décadas ha sido la gran fiesta del verano, el reencuentro entre la afición y su equipo, el momento de volver a ocupar el asiento después de meses sin fútbol.

Precisamente por eso cuesta entender que el socio, el que ya ha realizado un importante esfuerzo económico para renovar su carnet, tenga que volver a pagar por vivir esa tradición. Más aún cuando existen precedentes diferentes.

En otras ediciones, el club permitió el acceso gratuito a los abonados mediante la activación del carnet, una fórmula que premiaba la fidelidad sin renunciar a organizar el torneo.

Nadie discute que organizar un torneo genera gastos. Tampoco que el fútbol necesita ingresos. Pero existe una diferencia importante entre generar recursos y transmitir la sensación de que cualquier evento pasa inevitablemente por el bolsillo del aficionado.

Y el abonado no es un cliente cualquiera. Es quien mantiene vivo al club cuando no hay grandes fichajes, cuando llegan los malos resultados y cuando las gradas dejan de ser noticia. Es quien compra la camiseta, consume en la tienda, acompaña al equipo fuera de casa y renueva incluso después de un descenso o cuando las cosas va peor que nunca y ya ni confían en su equipo o directiva.

Por eso cuesta aceptar que, después de tener uno de los abonos más elevados del fútbol profesional español, la recompensa vuelva a ser sacar la cartera para ver un torneo tradicional del Cádiz. El Carranza después de este duro año debería ser una celebración. Una manera de decir «gracias» a quienes sostienen al Cádiz durante todo el año.

A veces los clubes buscan fórmulas para acercarse a su gente. Otras veces basta con un gesto sencillo. Y quizá incluir el Trofeo Carranza en el carnet del abonado habría sido el mejor de todos para volver a confiar en su club y en el nuevo presidente y todo su equipo de detrás.

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