El guardameta del Athletic revela su particular filosofía de vida, su relación con su pareja, sus estudios y las razones por las que evita los lujos y la exposición pública
Unai Simón se ha tenido que acostumbrar a vivir bajo los focos. Campeón de un Mundial histórico con España con gran protagonismo y uno de los nombres propios de la historia de la portería de la selección, el guardameta del Athletic Club podría tener una vida completamente marcada por el fútbol. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. El propio portero ha explicado en una entrevista en ABC cómo es su día a día cuando desaparecen los focos y por qué intenta que el fútbol ocupe el menor espacio posible fuera del terreno de juego.
Su filosofía queda resumida en una frase que dejó durante la entrevista: «No me gusta que se me vincule al fútbol». De hecho, si algún día tuviera que hacerse una tarjeta de visita, Simón asegura que no pondría que es futbolista. Preferiría definirse como Unai Simón, de 29 años, nacido en Vitoria, vasco y deportista. No es una pose. Su manera de entender la vida lleva años siguiendo ese camino.
Su familia, un refugio durante el Mundial
Una de las claves para entender al Unai Simón que existe lejos del césped está en su entorno. Durante el pasado Mundial, el portero concedió una importancia enorme a poder estar acompañado por familiares y amigos después de los partidos. En Chattanooga estuvo con su madre, su hermano y su cuñada, mientras que posteriormente fueron llegando más personas de su círculo cercano a Los Ángeles y Dallas. El objetivo era sencillo: hablar de cualquier cosa menos de fútbol. Cenar juntos, conocer las ciudades y desconectar de la competición le permitió escapar durante unas horas de la presión del Mundial.

Para Simón, tener ese espacio de desconexión fue fundamental durante los más de 50 días de concentración.Y ahí aparece una de las palabras que más repite cuando habla de su vida personal: entorno. El portero considera fundamental mantener un círculo sano que le permita salir del «tornado de emociones» que supone el fútbol profesional.
Una cuadrilla de 25 amigos y una vida normal
Pese a haberse convertido en una de las caras más reconocibles de la Selección Española, Unai Simón continúa muy unido a sus amigos de toda la vida. En Murguía mantiene una cuadrilla de unas 25 personas, prácticamente todos de su generación. El guardameta destaca especialmente que sus amigos nunca han intentado aprovecharse de su condición de futbolista. Han continuado con sus propias vidas y, según explica, nunca le han pedido que les compre algo o que les ayude económicamente. Mantener esa relación con sus amigos de siempre le permite conservar los pies en el suelo y conocer una realidad diferente a la que vive diariamente como deportista de élite.
También tiene un papel importante su pareja, de la que el propio portero habla con naturalidad pero manteniendo la máxima discreción. Su pareja es médica y Unai explica que ver de cerca sus guardias y las condiciones en las que trabaja le ayuda a valorar todavía más la situación privilegiada que disfruta como futbolista profesional en la élite.
El futbolista que lleva ocho años con el mismo coche
Uno de los detalles más curiosos de la entrevista aparece cuando le preguntan por los lujos asociados a los grandes futbolistas. La respuesta de Unai Simón vuelve a alejarse del tópico. Tiene un Renault Vel Satis y lleva ocho años con él. Su intención no es cambiarlo mientras siga funcionando: «Con que arranque y me lleve a entrenar a Lezama, suficiente», explica. Es otro ejemplo de su particular manera de entender el éxito. Simón reconoce que intenta vivir bien, pero manteniendo un perfil bajo y evitando gastar en cosas innecesarias.
Sin redes sociales y sin tatuajes
El guardameta tampoco encaja demasiado en el perfil habitual del futbolista de élite. No utiliza redes sociales y reconoce que tomó la decisión de abandonarlas porque, especialmente al principio de su carrera, le afectaban demasiado los comentarios. Llegó a sentirse «el rey del mundo» cuando leía algo positivo y a pensar que podían echarle del Athletic cuando recibía críticas.

Tampoco lleva tatuajes. Y eso que llegó a plantearse hacerse uno cada vez que conseguía un título importante. Primero pensó en hacerlo tras ganar la Supercopa de 2021, después tras la Copa del Rey de 2024 y, finalmente, puso el Mundial y la Eurocopa como posibles momentos para estrenarse. Nunca llegó a hacerlo. La razón es tan sencilla como personal: un tatuaje es para toda la vida y no sabe si dentro de 30 años podría arrepentirse.
Estudió dos carreras antes de centrarse en el fútbol
La relación de Unai Simón con los estudios también demuestra que siempre ha intentado construir una vida más allá del fútbol. En una etapa anterior llegó a estudiar fisioterapia, aunque tuvo que aparcarla cuando su carrera deportiva comenzó a exigirle una dedicación absoluta. Posteriormente también se interesó por Administración y Dirección de Empresas, buscando mantener abierta una puerta para el futuro después del fútbol.
No es casualidad, por tanto, que ahora rechace definirse únicamente por su profesión. Unai Simón sabe que el fútbol es una parte enorme de su vida, pero no quiere que sea toda su identidad. Y quizá ahí esté la explicación de buena parte de su personalidad: el campeón del mundo que, cuando abandona Lezama, quiere ser simplemente Unai.





