El Estadio de Vallecas, al límite: «Durante años hemos estado ante un verdadero peligro»

El Estadio de Vallecas, al límite: «Durante años hemos estado ante un verdadero peligro»

En Futeros hablamos con Fernando Jiménez, de la peña Rayo Clash, perteneciente a la Federación de Peñas del Rayo Vallecano y la Plataforma ADRV, para analizar la auditoría presentada por la Comunidad de Madrid

El Rayo Vallecano recibe este jueves 20 de agosto al Deportivo Alavés en Butarque, lejos de un Estadio de Vallecas cerrado por deficiencias de seguridad. Las peñas no acudirán: entienden el plante como una forma de defender al equipo y señalar años de deterioro, falta de transparencia y ruptura con la directiva.

La Comunidad de Madrid mantiene suspendida la concesión, el club asegura que ya ha subsanado los problemas y LaLiga rechazó aplazar el encuentro. Detrás del conflicto administrativo aparece una disputa mayor: quién debe cuidar Vallecas y hasta dónde está dispuesta a llegar su afición para defenderlo.

En Futeros hemos tenido acceso al documento oficial tras la auditoría realizada por el gobierno autonómico que, junto al testimonio de Fernando Jiménez, de la peña Rayo Clash, perteneciente a la Federación de Peñas del Rayo Vallecano y la Plataforma ADRV, sirve para realizar una reconstrucción de los hechos que han llevado al cierre de Vallecas.

La auditoría de la Comunidad de Madrid retrata un Estadio de Vallecas obsoleto

El informe oficial ofrecido por la Comunidad de Madrid no se limita a mostrar suciedad, instalaciones envejecidas o espacios utilizados como almacenes improvisados. Su conclusión general describe una situación de “obsolescencia generalizada”, un “incumplimiento normativo severo” y un “riesgo de seguridad elevado”.

El diagnóstico es directo: se aprecia una “falta sistemática de mantenimiento preventivo en la práctica totalidad de las instalaciones”. El estadio pertenece al Gobierno regional, pero el convenio de cesión atribuía al club obligaciones directas de conservación y mantenimiento. Esa distribución de responsabilidades alimenta ahora un conflicto en el que las dos partes se reprochan haber permitido que la situación alcanzara un punto crítico.

Incendios, electricidad y evacuación concentran los riesgos más graves de Vallecas

La protección contra incendios constituye uno de los apartados más preocupantes. El grupo de presión, renovado apenas dos o tres años antes, estaba fuera de servicio durante la inspección. La prueba funcional activó una alarma y reveló pérdidas de agua que el personal atribuyó a la ausencia de una pieza.

Varias bocas de incendio y numerosos extintores no presentaban revisiones favorables desde 2020. La sala de prensa carecía de extintor, algunos equipos estaban fuera de sus soportes y el detector de humo de la sala arbitral aparecía envuelto en cinta.

Los cuadros eléctricos presentaban tapas forzadas, cerraduras deterioradas, suciedad y ausencia de un etiquetado homogéneo. En algunos puntos había enchufes obsoletos o instalados a baja altura, con cables parcialmente visibles.

La auditoría llega incluso a medir la insuficiencia de determinadas vías de evacuación. Algunas escaleras que deberían tener anchuras de 3,82 o 4,83 metros se quedan en 1,96. En la grada de la calle Payaso Fofó, la salida directa hacia el campo resulta imposible por un desnivel superior a 1,20 metros originado por la superposición de gradas realizada durante los años noventa.

Sumideros, duchas y accesibilidad agravan el estado del Estadio de Vallecas

El deterioro no termina en las instalaciones eléctricas o contra incendios. Los sumideros situados en la parte superior de la grada presentaban obstrucciones severas por la acumulación de hojas, impidiendo el drenaje correcto y favoreciendo encharcamientos y filtraciones.

En las duchas, uno de los desagües tenía el marco suelto y estaba fijado de manera provisional con cinta adhesiva. Otro sumidero carecía de tapa y rejilla protectora, dejando completamente abierto el agujero de la tubería. El informe advierte expresamente del riesgo de lesión o corte para quienes caminasen descalzos.

Los problemas afectan igualmente al público. El número de lavabos, urinarios y aseos diferenciados por sexo resulta insuficiente para el aforo. La distancia con los requisitos de accesibilidad es todavía mayor: Vallecas dispone de 37 plazas reservadas para personas con movilidad reducida, frente a las 144 que exigiría la normativa aplicada en el informe.

“Los baños de mujeres, sin puerta; las escaleras, sin luces, lo que ha provocado caídas de gente mayor; cables colgando, cuadros eléctricos… La auditoría es devastadora”, resume Fernando Jiménez en conversación con Futeros.

Fernando Jiménez pone voz al cansancio de la Federación de Peñas y la Plataforma ADRV

Para la afición, el cierre no representa un accidente inesperado, sino el desenlace de una degradación prolongada. “Es un déjà vu constante desde que comenzó la gestión de Martín Presa. Hay un abandono social absoluto por parte de la dirección hacia la afición”, denuncia Jiménez.

El aficionado rayista admite que leer el contenido de la auditoría ha transformado el enfado en preocupación: “Durante años hemos estado ante un verdadero peligro, un peligro para nuestra seguridad”.

La tristeza se mezcla con la indignación. El Rayo viene de disputar la final de la Conference League en Leipzig, el punto culminante de una temporada histórica. Apenas unos meses después, sus seguidores no pueden acompañarlo en su primer encuentro de LaLiga como local.

“Estamos tristes porque, obviamente, hoy no vamos a estar. Las peñas no vamos a estar en Leganés”, explica Jiménez. El plante no se dirige contra los jugadores ni contra Beñat San José. Los colectivos entienden la ausencia como una protesta contra la directiva y una defensa del futuro del club.

La falta de información ha ampliado el descontento. Los abonados renovaron sus carnés sin saber cuántos partidos tendrían que disputarse fuera de Vallecas. La organización para retirar las entradas de Butarque llegó con escaso margen y obligó a realizar gestiones presenciales.

“No hay ningún tipo de transparencia ni comunicación”, lamenta Jiménez. “Nos enteramos a veces por los comunicados que hace el club, por rumores o por entrevistas que hacen a este señor, que tampoco hace muchas comparecencias públicas”.

Las denuncias de 2018, Íñigo Pérez y la AFE anticiparon el cierre del Estadio de Vallecas

Vallecas ya vivió una crisis semejante en 2018. Después de que un niño cayera por el hueco de una barandilla y varios aficionados denunciaran movimientos en la tribuna lateral alta, las peñas pidieron inspecciones urgentes y propusieron jugar temporalmente fuera.

Entonces se denunciaron vomitorios ocupados por andamios, escaleras sin luz, salidas de emergencia sin señalizar y recorridos reducidos por material de obra. La Comunidad terminó cerrando temporalmente el estadio.

Las señales más recientes tampoco faltaron. En enero de 2026, Íñigo Pérez afirmó que el césped “no es digno de Primera”. En febrero se aplazó el encuentro contra el Real Oviedo y el duelo ante el Atlético de Madrid tuvo que trasladarse a Butarque.

Jiménez, además, amplía la denuncia a la Ciudad Deportiva, donde asegura que las familias han comunicado lesiones por agujeros en los terrenos de juego. “El descontento no viene de ahora; viene de los últimos 15 años”, insiste.

Parte inferior de las gradas del Estadio de Vallecas (Comunidad de Madrid)

Rayo Vallecano, Comunidad de Madrid y LaLiga chocan por la reapertura de Vallecas

La Comunidad suspendió cautelarmente la concesión el 28 de julio y anunció obras urgentes con una duración inicial estimada de entre dos y seis meses. Al día siguiente denunció que responsables del Rayo habían impedido el acceso de los técnicos y operarios enviados para comenzar los trabajos. El club permitió posteriormente la entrada y entregó nueva documentación.

Raúl Martín Presa admitió que el Rayo no respondió dentro de plazo a un requerimiento administrativo por un “error humano”, pero negó que existiera dejadez. El presidente sostiene que el estadio es seguro, defiende las inversiones realizadas y asegura que la auditoría autonómica se elaboró sin disponer de todos los informes técnicos.

“El mantenimiento sí se ha hecho. Lo que no se remitió fue una documentación administrativa”, argumentó. El Rayo encargó una evaluación independiente, acometió trabajos de limpieza y revisión y solicitó que se levantara la suspensión para jugar contra el Alavés.

La Comunidad rechazó esa petición cautelar el 17 de agosto. El club pidió entonces aplazar el partido al considerar que trasladarlo provocaba un grave perjuicio deportivo, económico y social, pero LaLiga concluyó que no existía una causa de fuerza mayor.

Beñat San José quedó atrapado entre las versiones enfrentadas. “El club me ha comunicado que están todos los papeles en regla, pero finalmente no nos han dado la autorización”, explicó el entrenador. Su deseo de contar con la afición en Butarque chocó con la decisión adoptada por las peñas.

“Nosotros vamos a seguir apoyando a los jugadores. Y entendemos que una de las maneras de apoyar al Rayo Vallecano es hoy no acudir a Leganés”, responde Jiménez. “Seguiremos movilizados y luchando por el Rayo Vallecano y por su plantilla”.

Butarque y El Plantío alargan el exilio mientras Vallecas defiende su identidad

La negativa a pagar otro canon al Leganés ha colocado nuevamente a El Plantío como posible sede del encuentro ante el Racing. Jugar en Burgos convertiría al Rayo en local a unos 240 kilómetros de su barrio y obligaría a sus abonados a asumir otro desplazamiento.

La Federación de Peñas ya ha anunciado que no acudirá a Butarque, El Plantío ni a ningún campo alternativo mientras el equipo actúe como local. También reclama la devolución proporcional del abono por los encuentros que no puedan celebrarse en Vallecas.

“Obviamente, a Burgos no vamos a ir”, afirma Jiménez. Las movilizaciones futuras todavía deberán consensuarse entre las peñas y los colectivos organizados, pero la postura sobre la ubicación del estadio no admite matices.

La remodelación de Vallecas abre el debate que más teme la afición del Rayo

La Comunidad ha presentado un proyecto de remodelación valorado en unos 60 millones. El plan elevaría el aforo desde 14.500 hasta 18.500 espectadores, incorporaría una cuarta grada, reformaría las instalaciones interiores y añadiría un edificio multiusos. El plazo previsto ronda los 24 meses.

Martín Presa ha defendido, sin embargo, la necesidad de un estadio con mayor capacidad y mejores posibilidades de explotación. La afición teme que el deterioro termine utilizándose como argumento para abandonar la avenida de la Albufera.

“El estadio tiene que estar en el mismo sitio, en el barrio de Vallecas, en Puente de Vallecas; no hay otro sitio”, sostiene Jiménez. Para el rayismo organizado, reformar, ampliar y modernizar son opciones legítimas. Trasladar al Rayo fuera de su territorio emocional supone cruzar una línea diferente.

“La afición del Rayo Vallecano no se va a resignar”, concluye Jiménez. “Está más unida que nunca y va a seguir unida y movilizada”. El estadio permanece cerrado, pero alrededor de sus muros continúa abierta la disputa más importante: quién cuida al Rayo y dónde debe estar su casa.

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