El partido homenaje a Ceuta se aplazó a poco más de 24 horas de su celebración y dejó tras de sí demasiadas preguntas, viajes truncados y una sensación difícil de explicar entre los caballas. El Betis habla de reforzar su carácter solidario, pero las dudas siguen sin respuesta
¿Verdad o reto?, un inocente juego que en la ficción acabó convirtiéndose en una película de terror. En cierto sentido, lo mismo que vivieron ayer en Ceuta miles de caballas. Y eso que en los últimos meses están acostumbrados a situaciones terroríficas, pero hay cuestiones que, aunque no generen miedo como tal, son incluso más dolorosas que cualquier daño físico.
Cuando faltaba poco más de 24 horas para la celebración, hoy 1 de octubre, del partido homenaje a la ciudad autónoma y a sus ciudadanos después de lo ocurrido allí el pasado 30 y 31 de julio, saltaba la noticia de que se suspendía dicho encuentro. Se habló en principio de suspensión, pero luego, en un comunicado publicado por Ceuta y Betis, se especificó que es un «aplazamiento».
Según ese comunicado, la decisión se toma para «reforzar el carácter social y solidario con el que nació esta iniciativa», buscando otra fecha para su celebración en la que se permita «acercarlo de forma más directa a la ciudadanía ceutí y potenciar su carácter benéfico», ya que todo lo recaudado iba a ir para Cáritas Ceuta.
Algo no cuadra. Un partido propuesto por el Real Betis y por su Fundación, con todo organizado y aplazado tan solo una hora después de que el conjunto verdiblanco diera la lista de convocados para el choque.
Piensa mal y acertarás, dice el refranero español. Pero, desde luego, la situación es o triste o terrorífica.
El Betis había vendido alrededor de 8.000 localidades para el encuentro. Una cifra bastante razonable para un partido un jueves, sin nada en juego, que simplemente buscaba ayudar a una entidad de acción caritativa como Cáritas y, sobre todo, darle cariño al pueblo de Ceuta, que, por mucho que algunos se empeñen, está muy lejos de la normalidad. Pensar que se iban a llenar los 70.000 asientos de La Cartuja era un tanto estúpido. Lo lógico era rondar las 10.000 localidades, algo que seguramente ocurriría.
Para contextualizar, LaLiga de las mascotas que se celebró en marzo congregó a 3.200 personas y no pasó nada. Por ese motivo choca que el Betis haya decidido aplazar el partido cuando ya estaba todo en marcha.
Ceuta se había hecho bética con lo que hizo el conjunto verdiblanco ante el Real Madrid y con las muestras de cariño que había profesado al pueblo ceutí. Mucho más con este partido. «Todos los ceutíes son un poco béticos», llegó a decir Juan Vivas, presidente de la ciudad autónoma.
Muchas incógnitas
Y ahora aparecen las preguntas. ¿Es la escasa venta de entradas lo que ha llevado al Betis a aplazar el partido? ¿Ha cedido el conjunto verdiblanco ante los aficionados contrarios a acoger el encuentro porque consideraban que era ‘politizar el fútbol’? ¿Existió algún otro motivo que haya llevado al Betis a tomar una decisión tan repentina?
Son preguntas que, a estas horas, no tienen una respuesta pública que explique del todo lo ocurrido. Y ahí está precisamente el problema. Porque algunas de las posibilidades generan tristeza. Una, porque supondría que toda la buena voluntad mostrada por el Betis hacia Ceuta habría quedado seriamente dañada. Otra, porque significaría que alguien ha entendido como política algo que nació con una finalidad social y solidaria, politizando ellos mismos el asunto, puesto que se puede apoyar a los ceutíes sin querer el mal de los demás. Pero hay otra posibilidad que da miedo.
Ceuta tendría que haber disfrutado ayer de un partido de la selección sub-20 en el Alfonso Murube, pero finalmente tampoco pudo celebrarse. Y hablamos de un estadio donde juega la AD Ceuta FC cada quince días y de una ciudad que este domingo acogerá una prueba de la Copa de Europa de triatlón. Si ahora también se priva a los ceutíes de un partido solidario como el de La Cartuja, la sensación que queda es difícil de digerir.
Y mientras tanto están los daños que no aparecen en ningún comunicado. Los billetes de barco perdidos. Los alojamientos reservados. Los aficionados que habían organizado el viaje pensando incluso en desplazarse después a Castellón para acompañar al Ceuta en su partido del fin de semana. Billetes de avión, trenes, hoteles… gastos y planes que, de repente, se fueron al traste. Incluso a personas del Gobierno de Ceuta les pilló viajando hacia Sevilla la noticia del aplazamiento.
Ahora el Betis tiene que elegir entre verdad o reto. La verdad, si la hay, debería conocerse. Porque si existe un motivo de peso para haber tomado esta decisión a escasas 24 horas del partido, el pueblo de Ceuta merece conocerlo. Y si simplemente se trata de una cuestión organizativa, económica o de cualquier otra naturaleza, también.
Los verdiblancos tienen difícil salir bien parados de esto. No porque el partido no pueda aplazarse, sino porque hay decisiones que, por el momento en que se toman y por todo lo que dejan detrás, necesitan algo más que un comunicado.
Ceuta no necesitaba que le llenaran La Cartuja. Necesitaba, sencillamente, que alguien cumpliera lo que había prometido. Un gesto de cariño después de un verano que ya ha sido demasiado duro.
Porque entre verdad y reto, esta vez los caballas, cansados de tantas explicaciones que no terminan de llegar y de mentiras, merecen la verdad.





