De frente y sin complejos en el Mundial, España

Durante generaciones hablar de final o de título fueron palabras tabúes; ahora la selección española llega a la cita mundialista con mimbres para aspirar al máximo pero también con una mentalidad que asume con naturalidad la presión

Para muchas generaciones hubo una especie de tabú con la selección española. Acostumbrados al muro de los cuartos de final, infranqueable una y otra vez, era palabra maldita hablar de final o de un título en el Mundial. Afortunadamente los tiempos han cambiado, también la mentalidad de un grupo de futbolistas y técnicos que verbalizan sin complejos las máximas aspiraciones de España en el torneo de los torneos. Sin miedos, sin falsas presiones y conscientes de sus capacidades.

Hay quien dice que querer es poder. En parte puede ser, pero sin mimbres nada podría hacer la selección española en el Mundial. Ahora los tiene, avalados por el título de la Eurocopa hace dos años en Alemania, con un grupo de futbolistas que se mantiene en un número importante y con un seleccionador que le ha dado un sello propio, futbolístico y de mentalidad. Es el momento de que la selección pueda intentar abordar la segunda estrella. La historia se escribe en el presente.

La lista de decepciones de España en los Mundiales

El que los protagonistas hablen con naturalidad del deseo de ganar el Mundial es un extraordinario paso que no siempre fue así. Era cuestión casi de maldición y era mejor no tentar la suerte en otras décadas pretéritas. El fracaso en el 82 en casa, los penaltis en Quétaro y el fallo de Eloy, la falta de Stojkovic en Italia 90 que tanto enfadó a algunos, las lágrimas de Luis Enrique después del codazo de Tassotti, la mano de Zubizarreta, las peripecias de Al-Ghandour en Corea, la venganza de Zidane en 2006… pequeñas batallas que fueron quedando en el corazón de los aficionados al fútbol en España que rompieron la maldición en Sudáfrica; para ser justos la rompió dos años antes Cesc con su penalti ante Italia en la Eurocopa.

El caso es que España fue acumulando decepciones en los Mundiales hasta que en 2010, menuda generación, descorchó la botella y ganó el Mundial. Venció y convenció. El gol de Iniesta coronó un estilo y señaló el camino. Luego llegaron más decepciones, el previsible batacazo post título en Brasil, y los penaltis, otra vez los penaltis, contra Rusia y Marruecos en las dos últimas ediciones. Ese año en Sudáfrica, insertado entre dos títulos de Eurocopa, colocó a España en los más alto y, además, sembró un semilla de estatus, de lo que algunos también llaman el peso de la camiseta.

Con mimbres y mentalidad para aspirar a todo

El pasado debe servir para recordar lo que hizo daño y aprender. También para recordar lo maravilloso que es ganar, sentirse la mejor selección del planeta. Más si España está en disposición en estos momentos de todo en el Mundial. Es ahora. Lejos de los amistosos de relativas utilidades para sacar conclusiones o de los sanos debates sobre la lista. Todo eso queda atrás y el momento es ahora para la selección española. Con un Luis de la Fuente que convenció hace tiempo, para romper otra barrera y estereotipos de los que dudaban cuando fue firmado por su pedigrí.

El hecho de que España sea una de las favoritas no lleva al éxito. En el fútbol la línea entre la felicidad absoluta y el fracaso son muy finas, más en un Mundial que es un torneo corto -no tanto en esta ocasión-, y que puede sorprender por detalles. Seguramente ahí radica la grandeza de este torneo tan diferente a todos. Claro que los Cucurella, Rodri, Pedri, Fabián, Lamine Yamal, Nico Williams y la confianza de la mentalidad es más posible.

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