Carolina Marín: «Es muy fácil estar tumbado en el sofá y criticar a una persona a la que ves por televisión»

Carolina Marín: «Es muy fácil estar tumbado en el sofá y criticar a una persona a la que ves por televisión»

La onubense no solo cambió la historia del bádminton español, también tuvo que aprender a levantarse una y otra vez de los golpes que recibió fuera y dentro de la pista

Carolina Marín es una de las mejores deportistas de la historia de España y una leyenda mundial en el bádminton. Este 2026 tuvo que anunciar su retirada definitiva debido a sus lesiones en la rodilla, pero pese a ellas logró romper el dominio asiático de un deporte que no era muy popular en España hasta la aparición de la onubense.

Oro olímpico en los Juegos de Río 2016, tres veces campeona del mundo, siete campeonatos de Europa, unos Juegos Europeos y múltiples títulos dentro del BWF World Tour convirtieron a Carolina Marín en la mejor jugadora de bádminton de la historia de España, habiendo recibido también el Premio Princesa de Asturias de los Deportes y la Gran Cruz del Mérito Deportivo.

Seis meses después de su retirada, sale a la luz una entrevista de la andaluza en la que se sincera sobre sus lesiones, salud mental o su infancia, donde empezó su camino por convertirse en la mejor del mundo. «Lo más difícil (y a la vez gratificante) fue cuando tuve que dejar mi casa con 14 años para venirme desde Huelva a Madrid», cuenta en El Mundo. «Para mí fue una ilusión. Pero hoy, con 32 años, echo la vista atrás y supongo que para mis padres tuvo que ser muy complicado dejar ir a su única hija», añade.

Carolina Marín confiesa que en sus inicios se sintió minusvalorada. «Cuando yo vine a Madrid hace 20 años, cogía un taxi con un raquetero y me preguntaban si iba a jugar al tenis. Y yo: «No, al bádminton». Y el taxista: «¿Y eso qué es?»… Lo que más ilusión me hace es haber puesto este deporte en boca de todos».

Sobre las redes sociales, la onubense asegura que «es muy fácil estar tumbado en el sofá y criticar a una persona a la que ves por televisión, a la que ves caer en una ronda y juzgas: esta ya no es buena. A mí eso me da rabia, nadie sabe lo que hay detrás. Las medallas son muy bonitas, pero para conseguirlas ha habido lágrimas, caídas, lesiones, ocho o nueve horas diarias de trabajo, momentos en los que tienes que levantarte, sacrificios, estar sola lejos de tu casa y de tu familia, trabajar en hipoxia, con torniquetes… La gente me dice ‘qué bestialidad’. Es lo que hay. Para conseguir medallas hay que hacer muchas locuras, locuras que ni tu familia sabe».

«Cuando se nos ve en la televisión, los deportistas parecemos superhéroes. Y para nada lo somos. Antes de nada, somos personas. Sentimos, padecemos, tenemos nuestras emociones, lloramos, reímos, nos pasa de todo. Como una persona de la calle…», añade.

En su infancia, Marín nunca ha ocultado que sufrió acoso escolar en el colegio en Huelva. «En aquella época no sabíamos ni lo que era el bullying. Simplemente, sufría porque compañeras que yo creía que eran amigas en ese momento, se metían conmigo, me hacían sentir muy mal y muchos días, cuando llegaba a casa, me encerraba en la habitación y me ponía a llorar… Eran muchos días en los que lo pasaba mal», cuenta.

Por eso, la andaluza siempre ha hablado sin tapujos de la salud mental y la importancia de la terapia. «No hay que estar mal ni loco para ir al psicólogo», reivindica. «Uno puede estar bien, pero querer estar mejor. O quiere conocerse más… Yo este tema de la salud mental siempre lo he hablado de manera abierta. El primer psicólogo que necesité fue a los dos años de venir a Madrid. Con 15 años. Porque necesitaba técnicas para abordar momentos de miedo, de inseguridad en la pista, ratos en los que te ves abajo en el marcador y tienes que contrarrestar esas emociones».

«El éxito es levantarme después de cada caída. Después de cada lesión», concluye Carolina Marín.

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