El estadio vigués, que ahora vive obras para ser sede de la Copa del Mundo de 2030, ya albergó tres partidos mundialistas en 1982 que provocaron reformas y que dejaron curiosas historias futbolísticas
Balaídos vive en los meses una profunda reforma, con nueva grada de Gol incluida, con vistas a que el estadio vigués albergue partidos del Mundial 2030 que, entre otros países, se celebrará en España. Una cuestión que no es del todo nueva para este recinto que ya fue escenario de la Copa del Mundo de 1982 y por cuyo motivo también se realizaron importantes obras para adecuarlo para aquella cita de la que ya han pasado 44 años.
Vigo fue escenario de tres partidos de aquel Mundial 1982 de una España emergente que quería mostrar al mundo su modernidad. Balaídos, junto con Riazor, eran los estadios del Grupo 1. En total hubo 14 sedes y 17 estadios. Curiosamente en el recinto vigués jugó los tres primeros partidos del Mundial Italia, que posteriormente fue la campeona. Sus tres encuentros en Balaídos acabaron con empates frente a Polonia (0-0), Perú (1-1) y Camerún (1-1). Nada hacía presagiar por el juego que finalmente el combinado italiano se haría con el título.
Claro que aquel Mundial sirvió para darle un vuelco importante al estadio de Balaídos con motivo del Mundial. Una reforma que supuso la creación, por ejemplo, de la Grada de Río, la modernización del estadio dándole una apariencia mucho más acorde a los tiempos. También se levantaron instalaciones deportivas anexas al estadio vigués que dieron un aire nuevo a la zona. La Copa del Mundo de 1982 catapultó a un Balaídos del que evidentemente se benefició el Celta de Vigo en los siguientes años.
Los tres empates de Italia en Balaídos y sin goles de Paolo Rossi
El estreno de Balaídos como estadio mundialista se produjo el 14 de junio 1982. Aquel Naranjito, mascota del España 82, se exhibió por un estadio en el que Italia, que tenía entre sus filas a futbolistas como Dino Zoff, Gentile, Tardelli, Rossi o Cabrini, y Polonia, de Lato y Boniek. empataron sin goles. Llamativo es que estas dos mismas selecciones luego disputarían semanas más tarde las semifinales en Barcelona con triunfo italiano por 2-0. Claro que ese duelo en Vigo no quedó para el recuerdo futbolístico por el juego, sí por el ambiente de un estadio que congregó a más 33.000 personas en las gradas. Era la puesta de largo.
El 18 de junio se celebró el segundo partido. Italia empató con Perú. Bruno Conti había adelantado a Italia en el primer tramo del partido. Rubén Toribio Díaz empató para Perú en los minutos finales. El juego italiano de una selección entrenada por Enzo Bearzot, recordado entre otras cuestiones por la pipa que usaba en mitad de los partidos, no aparecía. Las críticas arreciaban a un equipo transalpino.

El tercer partido de Balaídos midió a Italia y a Camerún. Otro vez empate. Francesco Graziani había marcado para los italianos a la hora de juego, acto seguido empataba Grégoire M’Bida. Para el recuerdo quedan las banderas camerunesas en el estadio vigués que daban un colorido especial al escenario. Italia seguía sin arrancar y pasaba a la segunda fase como segunda de grupo. Ni rastro en Vigo de las cualidades goleadoras de Paolo Rossi, gran estrella del Mundial a la postre y máximo goleador que reservaba sus tantos para fases posteriores del campeonato. Vigo terminaba ese 23 de junio con su trilogía mundialista.
La conexión de Milla entre el pasado y el presente con Balaídos
Ese partido entre Italia y Camerún también dejaba una curiosidad que conectaba al pasado con el presente. En las filas de Camerún jugó Roger Milla, célebre años después por sus goles en Italia 90 y Estados Unidos 1994 con icónicos bailes en las celebraciones. Roger es el padre de Germain Milla, futbolista del Celta Fortuna que recientemente lograba el ascenso a Segunda División. Lo hacía en Balaídos, tras vencer a la Ponferradina en un escenario en el que 44 años su padre jugó un partido del Mundial.

El Mundial no sólo fueron los partidos, también el ambiente que vivió la ciudad de Vigo en aquellos días. Las colas en la calle Príncipe para conseguir entradas en la Central de Espectáculos. El Celta de Vigo, que acababa de ascender a Primera División, aprovechó el Mundial para lanzar una campaña de abonados. «A Río nuevo, socio nuevo», decía el lema con una cuota de 50.000 pesetas para cinco años. No tuvo demasiada aceptación.
La nueva grada de Río de Balaídos y la inauguración con un Celta-Polonia
No fueron fáciles los años previos a ese Mundial de 1982 en cuanto a las obras en Balaídos. Las polémicas y los retrasos aparecieron durante esos tiempos. La gran reforma fue el levantamiento de la grada de Río que daba capacidad para 15.000 espectadores. Una grada que previamente fue derribada con explosivos para la creación de la nueva. El hecho de que el estadio viviera una actualización del resto de las gradas en 1971 provocó que no hubiera grandes cambios en otras zonas del estadio.
La nueva grada de Río fue inaugurada días antes del Mundial con un amistoso en el que el Celta de Vigo se impuso a Polonia por 5-1. Fue en el homenaje a Manuel Rodríguez «Manolo». Los polacos, que preparaban la cita mundialista, fueron ampliamente derrotados por el equipo celeste. A muchos ha hecho recordar al proyecto de la nueva grada de Gol, que ahora se ultima en la reforma que está viviendo Balaídos en estos tiempos para el Mundial de 2030. El derribo de una zona del estadio para el levantamiento de una nueva, que ahora debe estar acabado para finales de este 2026. Dos gradas, dos Mundiales con Vigo como unas de las sedes de partidos de la Copa del Mundo.
La canalización del río Lagares y nueva iluminación de Balaídos
El trabajo fue notable para la nueva grada de Río realizada para el Mundial de 1982. Para empezar se canalizó el río Lagares y se construyó una grada con doble altura. También quedaron en los bajos de esta zona unas nuevas instalaciones polideportivas que complementaban a Balaídos. Unas obras de adecuación del recinto para el Mundial de 1982 que fueron desarrolladas por Miguel Font y su equipo. Fueron tasadas en 480 millones de las antiguas pesetas, esto es una cantidad cercana a los 3 millones de euros.
Además, también se aprovechó para modificar la iluminación de Balaídos. La ocasión lo requería y lo sucedido dos años antes, en un amistoso entre España y Holanda en 1980, había dejado un claro aviso. Los focos habían fallado en aquella ocasión y el partido se paró una hora. Se puso remedio para 1982 con las nuevas luces. Esto trajo también nuevos marcadores electrónicos al estadio. Lo que no se realizó fue el edificio circular proyectado para que fuera el centro de prensa. El apodado ‘UFO’, por su forma, no se levantó y generó polémica.





