La Rosaleda quiso soñar con la remontada de un equipo necesitado de alegrías, pero el conjunto donostiarra terminó imponiendo su pegada y castigando cada concesión de los locales con una facilidad pasmosa
Una Real Sociedad muy superior impuso su pegada ante el Málaga y se llevó una merecida victoria de La Rosaleda, apagando cualquier intento de insurgencia local con la tranquilidad de Oyarzabal.
Pronto quedó claro que los de Juan Francisco Funes tendrían que remar a contracorriente. Apenas habían transcurrido tres minutos cuando Take Kubo, en su regreso al once titular, se inventó uno de esos goles ‘made in Lamine Yamal’ que justifican por sí solos la entrada.
Condujo el asiático hasta la frontal, se metió hacia dentro y, tras deshacerse de su marcador, encontró un disparo que, tras tocar ligeramente en Pablo Martínez, se fue directamente a la escuadra. 0-1. Prematuro mazazo para un equipo que todavía busca su primera victoria en LaLiga.
Kubo y Óskarsson castigan al Málaga
El gol tempranero no hizo sino alimentar las virtudes de una Real Sociedad que encontró espacios para correr, presionó con criterio y sometió a los malaguistas. El conjunto local trató de reaccionar con una presión adelantada que dio algunos frutos, pero el equipo se partió demasiado y, entre imprecisiones y falta de confianza, tuvo que pagar la factura.
Adrián Niño tuvo la posibilidad de devolver la igualdad al marcador. Un centro desde la derecha encontró al delantero, que remató con la puntera y obligó a Remiro a firmar una intervención de mucho mérito. Fue un espejismo. La Real siguió acumulando llegadas y, en el minuto 25, encontró el premio a su insistencia. Un balón dividido terminó en los pies de Óskarsson, que aprovechó la falta de contundencia de la zaga para plantarse solo ante Alfonso Herrero y poner el 0-2.
El islandés ya había perdonado minutos antes en un mano a mano, pero no volvió a conceder una segunda oportunidad. La Real se gustaba, encontraba superioridades y amenazaba con ampliar una ventaja que incluso se quedó corta antes del descanso. El Málaga se marchó a vestuarios tocado.
El Málaga se rebela: Pablo Martínez enciende La Rosaleda
Funes movió el banquillo en el descanso y su equipo salió con otra energía. El Málaga necesitaba una reacción inmediata y la encontró gracias a Adrián Niño, que aprovechó un buen pase de Pablo Martínez para fusilar a Remiro en el arranque de la segunda mitad. El 1-2 cambió el ambiente, despertó a la grada y dio alas a un conjunto que, por primera vez, creyó de verdad en la posibilidad de protagonizar una remontada heroica.
La Real, sin embargo, no tardó en recordar que su capacidad ofensiva está muy por encima de los problemas que todavía arrastra en defensa. Kubo encontró a Mikel Oyarzabal en una posición franca y el capitán, con un disparo raso desde la frontal, devolvió la tranquilidad a los suyos. El 1-3 parecía enfriar el intento de insurgencia malaguista, pero los locales todavía tenían una última bala.

Chupe rozó el gol con un remate que se estrelló en el larguero y, en la continuación de la jugada, Pablo Martínez enganchó una volea espectacular para poner el 2-3 en el minuto 66. La Rosaleda volvió a creer.

El Málaga había conseguido levantarse dos veces y el partido parecía dispuesto a regalar una recta final de infarto.
Oyarzabal y Guedes desmontan la remontada
Pero la alegría local duró un suspiro. Apenas dos minutos después, la Real recuperó el balón en campo contrario y Jon Martín encontró de nuevo a Oyarzabal en la frontal. El capitán repitió prácticamente la misma fórmula: control y disparo raso ajustado para firmar el 2-4 y asestar un golpe definitivo a las esperanzas malaguistas.
Fue un auténtico ‘manotazo’ de realidad. Cuando el Málaga amenazaba con discutirle el encuentro, el equipo de Pellegrino Matarazzo volvió a demostrar que dispone de recursos para castigar cualquier desajuste. El conjunto donostiarra necesitó muy poco para volver a abrir brecha y terminó de sentenciar la contienda con el quinto.
Óskarsson estrelló el balón en el larguero tras una asistencia de Sergio Gómez y Gonçalo Guedes, atento al rechace y con hambre de protagonismo, aprovechó la ocasión para establecer el definitivo 2-5. La Real había anotado tres tantos en un tramo frenético y dejó sin respuesta a un Málaga que ya no encontró fuerzas para levantarse otra vez.
Nada alteró ya el desenlace de una tarde que retrató las dos caras de los donostiarras con una pegada demoledora y una capacidad para convertir cada partido en una montaña rusa. Para el Málaga, en cambio, la novena jornada volvió a terminar sin victoria y con la urgencia de encontrar soluciones.





