El conjunto de Claudio Giráldez ha dado un giro a su propuesta futbolística y los números lo reflejan: el Celta es el equipo menos goleado de LaLiga, pero también uno de los que menos remata a puerta
El Celta de Vigo atraviesa una transformación que va más allá de los resultados. Claudio Giráldez, que llegó al primer equipo con una idea reconocible de fútbol ofensivo y protagonismo con balón, ha ido moldeando su estilo hasta basar su juego en la fortaleza y el orden defensivo. Los datos de este inicio de temporada hablan por sí solos: seis goles encajados en ocho jornadas y cuatro porterías a cero. Un registro que no se veía en el conjunto vigués desde la campaña 2002/2003.
El cambio contrasta con las palabras del propio entrenador a finales de noviembre de 2024, después de caer ante el Espanyol (3-1). Entonces, Giráldez defendía una propuesta en la que el riesgo formaba parte del plan: «Lo que me preocupa es si gano o pierdo, no el número de goles a favor o en contra. Encajamos mucho porque estamos abiertos y acabamos jugando el partido con tres defensas y jugadores ofensivos porque es nuestra manera de entender el juego», dijo entonces.
Casi dos años después, la realidad es muy diferente. El Celta ya no necesita tener el balón ni llevar la iniciativa para sentirse cómodo. Ha aprendido a replegarse en un bloque medio-bajo, ceder terreno y buscar sus opciones a la contra cuando recupera el balón. Una fórmula que ya le dio resultados durante la pasada temporada, especialmente gracias a la velocidad de sus atacantes en las transiciones.
Menos goles y menos presencia en ataque
La evolución defensiva tiene su reflejo en los números, pero también tiene consecuencias en el ataque. El conjunto gallego suma ocho goles en ocho partidos, cinco de ellos en el encuentro ante el Racing de Santander. Además, solo ha conseguido conectar 26 disparos entre los tres palos, una cifra que únicamente empeoran Getafe, Málaga, Valencia y Levante.
El último encuentro frente al Elche fue una buena muestra de esta nueva versión. El equipo ilicitano se hizo con el 67 por ciento de la posesión, mientras que el Celta tuvo escasa presencia ofensiva. Pese a ello, los resultados respaldan, por ahora, la apuesta de Giráldez.
El cambio de estilo, sin embargo, no convence a todo el celtismo. Una parte de la afición considera que el técnico se ha alejado de los principios futbolísticos que marcaron su llegada al primer equipo. Una crítica que el preparador no comparte y a la que respondió antes de recibir al Racing en Balaídos. «Cada persona puede pensar lo que considere. Sé lo que soy y no voy a cambiar. El fútbol evoluciona. Hay distintos problemas y hay que intentar buscar soluciones. Preguntar a los jugadores. Cuando ganemos seremos valientes y preciosistas. La identidad no ha cambiado en nada. Hay que salir de la negatividad e intentar ser lo más objetivo posible. La negatividad y la toxicidad no representan a nuestra afición», afirmó.
La ausencia de Aspas, otro factor a tener en cuenta
En esta evolución también puede influir el menor protagonismo de Iago Aspas, que afronta su última temporada como profesional. Sin el capitán sobre el terreno de juego, al Celta le cuesta encontrar un jugador capaz de marcar diferencias en los últimos metros.
La temporada pasada, Fer López y Óscar Mingueza asumían buena parte de esa responsabilidad. Ahora, jugadores como Swedberg, Couhaib Driouech, Jones El-Abdellaoui, Javi Rueda o Pablo Durán no ofrecen exactamente ese perfil.
Giráldez ha encontrado una fórmula para proteger mejor a su equipo y competir desde la solidez. La incógnita está en si podrá mantener ese equilibrio cuando necesite llevar la iniciativa y encontrar soluciones ante rivales que le obliguen a asumir más riesgos.





