Pepe Caucelo lleva más de dos décadas ligado al arbitraje después de haber sido futbolista y probar también como entrenador. El gaditano formalizó su colegiación en 2002 y desde entonces ha vivido las dos caras del fútbol, aprendiendo a convivir con la presión, las protestas y las decisiones que pueden cambiar una relación
Pepe Caucelo es una figura muy vinculada al fútbol gaditano y al mundo del arbitraje. Su relación con el deporte comenzó como futbolista, pero su trayectoria dio un giro cuando decidió dejar el fútbol en categoría juvenil. Después de probar durante un año como entrenador, descubrió que quería seguir vinculado al balón, aunque desde otra posición.
En 2002 formalizó su colegiación después de hablar con un vecino que era árbitro y comenzó un camino que le ha permitido conocer el fútbol desde una perspectiva completamente diferente. Pasó de protestar las decisiones a ser quien tenía que tomarlas y aprendió a convivir con la presión, las críticas y las situaciones que rodean a cada partido. Su experiencia también le ha permitido conocer las diferencias entre el fútbol base y las competiciones de mayor exigencia. Una trayectoria de la que extrae enseñanzas que, según explica, van mucho más allá del terreno de juego.
– ¿Cómo llegó Pepe Caucelo al mundo del arbitraje?
– «Terminé de jugar al fútbol en juveniles y me saqué el carnet de entrenador. Estuve un año entrenando, pero realmente vi que no me gustaba. Yo lo que quería era participar, seguir vinculado al fútbol de alguna manera, y valoré la posibilidad de ser árbitro. Tenía un vecino que era árbitro, hablé con él y formalicé mi colegiación allá por el año 2002».
– ¿Cómo recuerda su primer partido como árbitro?
– «Recuerdo perfectamente mi primer partido. Esa cosa de verte vestido de árbitro después de haber sido futbolista y, además, verte vestido de árbitro en el mismo campo donde, desde chiquitillo, había jugado. Fue una gran ilusión y también estaban los nervios del debut, que evidentemente siempre están ahí y que hacen que ese primer partido sea algo que recuerdas para toda la vida».
– ¿Le ayudó haber sido futbolista para convertirse en árbitro?– «La verdad es que, como tuve la suerte de ser futbolista, realmente tampoco es algo que me costase un gran trabajo, sobre todo comparándolo con los chavales que empiezan siendo más jovencillos. Yo tenía 22 años y, al principio, claro que te cuesta. Al principio te sorprenden las protestas. Tú eras el que protestaba y ahora te ves rodeado por protestas. Al fin y al cabo, es algo que vas asimilando. Sabes que vas a llevarlo a tu lado, que vas a convivir con ello, que va a formar parte de tu día a día. Y lo que tienes que intentar es hacerlo lo mejor posible, tomar las decisiones que consideres correctas y aprender también de cada partido y de cada situación».
– ¿Qué diferencia existe entre arbitrar fútbol base y una competición nacional?
– «Sin lugar a duda, existe un abismo entre lo que es arbitrar un partido de fútbol base y un partido de competición exigente, una competición nacional. Evidentemente, la preparación de uno y otro no es la misma y la forma de arbitrar tampoco es la misma. Cuando se arbitra fútbol base, ya sabemos que debe ser un fútbol mucho más cercano, más pedagógico, de enseñanza. Tienes que comprender a los chavales que están empezando y hacerles ver que determinadas cosas que están haciendo no están bien antes de tomar decisiones bruscas, como pueden ser tarjetas rojas y demás. Muchas veces tienes que hablar con ellos, decirles que se calmen, explicarles las cosas y enseñarles. A los más pequeños, por ejemplo, enseñarles cómo tienen que sacar de banda, explicarles determinadas situaciones del juego, que se den la mano, que le den la mano al contrario, hacerles entender que esto es un deporte y que, aunque están compitiendo, tienen que disfrutar y aprender. Es una labor mucho más pedagógica. Al final, no solamente estás arbitrando un partido, sino que también estás ayudando a formar a esos chavales y a que entiendan los valores que tiene el deporte».
– ¿Cómo cambia la preparación cuando se trata de una competición nacional?
– «Cuando hablamos de fútbol profesional o de una competición nacional, evidentemente, la cosa cambia. Ahí vas a arbitrar lo que ves y hay una preparación mucho más exhaustiva. Una semana antes ya estás viendo partidos del equipo al que vas a arbitrar, analizando cómo juega, viendo situaciones que pueden darse durante el encuentro y trabajando con tus asistentes. Hay una preparación previa muy importante. Se trabaja durante toda la semana para llegar al partido en las mejores condiciones posibles. Por eso digo que hay un abismo entre una cosa y otra, porque aunque en los dos casos eres árbitro y tienes que tomar decisiones, la preparación, la exigencia y la forma de afrontar el partido son completamente diferentes».
– ¿Qué le ha enseñado el arbitraje fuera del terreno de juego?
– «De arbitraje se aprenden muchísimas cosas. Para mí, el arbitraje es una herramienta que te sirve también en tu día a día, en tu vida cotidiana. Te sirve para tomar decisiones y, sobre todo, te da una templanza que después aplicas en tu vida, en tu trabajo y en las situaciones que te van surgiendo. El arbitraje te enseña a estar en situaciones de mucha presión, a tener que decidir en décimas de segundo y a asumir las consecuencias de esas decisiones. Y esa templanza que vas adquiriendo durante los años acaba formando parte de ti también fuera del terreno de juego».

– ¿Cuáles son los sinsabores que también deja el arbitraje?
– «Hay muchísimos sinsabores. Hay gente que tú pensabas que eran tus amigos porque te saludaban, te daban un abrazo, tenías una relación cordial con ellos y pensabas que había una amistad. Pero resulta que llega un partido en el que, a lo mejor, se están jugando cualquier cosa y tú le pitas un penalti en contra porque es penalti. Y esa persona incluso te retira hasta el saludo. Ya no te mira igual, o directamente no te mira. Y eso también es algo que tienes que aprender a gestionar, porque tú no puedes dejar de señalar un penalti porque conozcas a una persona o porque tengas una relación con ella. Si es penalti, es penalti».
– ¿Qué mensaje les transmite a los jóvenes que empiezan a arbitrar?
– “Esto es fútbol. Aquí las cosas pueden cambiar muy rápido y tienes que saber convivir con ello. Y siempre les digo una cosa: el único amigo que tienes y el único que no nos engaña es el balón. Porque el balón no entiende de amistades, no entiende de quién eres amigo o de quién no eres amigo. El balón está ahí y tú tienes que hacer tu trabajo lo mejor posible».
– ¿Qué significa para él mantener la conciencia tranquila después de un partido?
– “Esto es así, desgraciadamente. El arbitraje te da muchas satisfacciones, te permite vivir momentos muy bonitos y aprender muchísimo, pero también te enseña que no todo el mundo va a entender tus decisiones y que, en ocasiones, incluso personas que pensabas que estaban contigo pueden cambiar su actitud simplemente porque una decisión tuya no les ha beneficiado. Forma parte de esto. Lo importante es tener la conciencia tranquila, saber que has tomado la decisión que tenías que tomar y seguir adelante, porque al final lo que tienes que hacer como árbitro es ser honesto contigo mismo, con el juego y con todos los que están dentro del campo».






