«En EGB sacó una media de sobresaliente, en Primero de BUP, notable… Luego, llegaron los viajes y, aun así, pudo con el COU», recordaba el padre del exguardameta, quien le remendaba los guantes «parche sobre parche» porque en casa no había dinero para unos nuevos
Hablar de Iker Casillas es hacerlo de uno de los mejores porteros de la historia del fútbol. El de Móstoles debutó con el primer equipo del Real Madrid con tan sólo 18 años, en San Mamés, y defendió la portería blanca hasta los 34, levantando por el camino tres Champions League, un Mundial y dos Eurocopas con la Selección. Hoy, ya retirado, sigue ligado al fútbol como presidente del 1K FC en la Kings League, junto a Baptistao.
Sin embargo, detrás de aquel palmarés hay una figura que el propio Iker Casillas nunca ha dejado de reivindicar: la de su padre, José Luis Casillas. Fue él quien lo llevó al Real Madrid, quien lo trasladó a diario desde Móstoles durante años y quien, siendo guardia civil, le inculcó una disciplina que acabaría marcando su carrera. Y es que la historia de Iker Casillas no se entiende sin la de su padre.
José Luis Casillas, el padre que llevó a Iker al Real Madrid
El propio José Luis contó en un reportaje de El País, cuando Iker daba sus primeros pasos en el primer equipo, cómo empezó todo. Y no fue precisamente fruto de un plan trazado por la familia, sino del consejo de su círculo más cercano: «Mis amigos me decían: ‘José, qué bueno es el niño; llévale al Madrid’. Y eso hice».
Casillas entró así en el club blanco con nueve años y el Real Madrid no tardó en comprobar lo que tenía entre manos. «Le metieron en el torneo social del club. Jugaba con el equipo llamado Losada y dos meses después le llevaron a un campeonato benjamín en Francia. Su equipo llegó a la final, contra el Benfica. ¿Y a que no sabe lo que pasó? ¡Perdieron por penaltis!», relataba José Luis, con la ironía de quien sabe en qué acabó convirtiéndose aquel niño bajo palos.
José Luis Casillas, sobre los inicios de Iker: «Le metieron en el torneo social del club»
Una anécdota, la de los penaltis, que con el paso de los años adquiere otro significado. Aquel crío que perdió una final benjamín desde los once metros acabaría siendo, lógicamente, el ‘Santo’ que sostuvo a España en la tanda de cuartos de final de la Eurocopa de 2008 ante Italia.

Iker Casillas, un estudiante de sobresaliente
Pero si de algo presumía José Luis no era sólo del talento de su hijo con los guantes, sino de su rendimiento en los estudios. En casa de los Casillas, el fútbol nunca fue excusa para dejar de lado el colegio, y el padre lo tenía claro. «En EGB sacó una media de sobresaliente, en Primero de BUP, notable… Luego, llegaron los viajes y, aun así, pudo con el COU», explicaba orgulloso en aquel reportaje.
Los viajes a los que se refería no eran otros que los del Real Madrid y las categorías inferiores de la Selección, con las que Iker ganaría el Mundial Sub-20 de 1999 junto a aquella generación de oro de la selección española. Compaginar los entrenamietos, las concentraciones y los exámenes no era tarea sencilla, pero Iker sacó adelante el COU.
El siguiente paso, eso sí, ya se antojaba mucho más complicado. «Ahora está matriculado en la carrera de Empresariales, pero no sé si algún día podrá estudiarla», reconocía años atrás José Luis, quien ya intuía que el fútbol acabaría por comérselo todo. Y así fue: Casillas nunca llegó a cursar aquella carrera universitaria.
Los guantes que José Luis Casillas remendaba «parche sobre parche»
La infancia de Iker estuvo marcada por las estrecheces económicas. Su padre era guardia civil y su madre, María del Carmen Fernández, ama de casa, y en la familia no sobraba precisamente el dinero. Tanto es así que José Luis llegó a pedir en dos ocasiones el traslado al País Vasco para cobrar los pluses de destino; de ahí, por cierto, los nombres vascos de sus dos hijos, Iker y Unai.
El propio Casillas lo recordó durante una visita a los jóvenes porteros de la cantera del Real Madrid, a quienes habló sin tapujos de aquellos años. «Yo he estado en los campos de arena y me he llevado mucho barro a casa», les contó, antes de acordarse de su madre: «Me ha echado muchas broncas porque las botas estaban que no os podéis ni imaginar».
La anécdota que más impactó a los chavales, sin embargo, fue la de sus primeros guantes. «No tenía dinero para comprar unos guantes. De hecho, mi padre me cogía los guantes y me ponía parche sobre parche en lo que era la palma”, explicó el excapitán madridista. Un gesto que dice mucho de José Luis y del sacrificio de una familia que, sin grandes medios, hizo todo lo posible para que Iker no dejara de entrenar. Un mensaje, el del esfuerzo, que resuena de forma especial en una cantera por la que han pasado porteros como Lucas Cañizares, hijo de Santiago Cañizares.
Ocho años de carretera desde Móstoles
Remendar los guantes no fue lo único. Durante ocho años, José Luis se encargó de llevar a Iker cada día desde Móstoles hasta los entrenamientos del Real Madrid. Así lo explicó el propio Casillas en octubre de 2020, durante su charla con Vicente del Bosque para El País: «No eran las mismas carreteras, ni los mismos transportes. Eso es lo que la gente no ve. Ve todo lo que he ganado, pero no que durante ocho años mi padre cogía el coche y me llevaba desde Móstoles. Y nunca se metió en nada».

Aquel padre que presumía de las notas de su hijo era, a la vez, el más exigente con él. Los entrenadores de la cantera le repetían que Iker llegaría lejos, pero José Luis prefería no dejarse llevar. «No quiero que suene prepotente, a mi padre todos los entrenadores le decían que era bueno, que iba a llegar a ser portero del Madrid. Él sabía que era bueno, pero no quería que me confundiera», reconocía Casillas.
No es el único caso de un padre que acaba siendo pieza clave en la carrera de una estrella. Valentí, el padre de Pep Guardiola, llevó a su hijo a las pruebas del Barça en un Renault 5; José Luis Casillas, en su coche, a diario y durante ocho años.





