Jon Uriarte admite que el club entra en pérdidas sin los ingresos europeos y reconoce que el gasto del primer equipo ha crecido un 20%
El Athletic Club afronta una temporada en la que el fútbol y las cuentas irán estrechamente ligados. La ausencia de competición europea, después de una campaña 2025/2026 en la que el equipo terminó duodécimo en LaLiga, ha cambiado por completo el escenario económico en Bilbao. El propio Jon Uriarte ha admitido con claridad y contundencia que, «a día de hoy, si no estamos en Europa, con la estructura de gastos que tenemos, estamos en pérdidas».
La afirmación no es baladí y resume uno de los problemas que empiezan a aflorar en el modelo del Athletic: una plantilla cada vez más cara, una política basada en retener talento y evitar ventas importantes y unos ingresos que dependen en buena medida de que el equipo se mantenga entre los clubes que juegan en Europa. Cuando esa última pieza desaparece, la estructura empieza a tambalearse.
El Athletic todavía posee músculo económico, patrimonio y una capacidad de generación de ingresos importante. Pero el ejercicio 2026/2027 deja la clara advertencia de que la Champions puede convertir las cuentas en extraordinarias. Quedarse fuera de Europa haría mucho más difícil cuadrarlas. Con una plantilla cada vez más cara, el margen de error se ha reducido de forma insoslayable.
Una plantilla que cuesta cada vez más
Uriarte fue todavía más concreto al explicar la evolución de la masa salarial. «El gasto de los jugadores del primer equipo masculino ha crecido un 20%», reconoció el presidente, que quiso puntualizar que el incremento no se debe exclusivamente a los futbolistas mejor pagados. “Podrías decir que ese dinero se lo han llevado uno o dos jugadores, pero si quitamos al ‘top 1’, el crecimiento es el mismo. Si quitamos a los tres que más cobran, el crecimiento es el mismo», matizó.
El dato resulta especialmente significativo en un club que tiene limitada por su propia filosofía la posibilidad de acudir al mercado para sustituir talento. El Athletic ha optado en los últimos años por blindar a sus jugadores importantes y elevar sus condiciones económicas para evitar que salgan. La renovación de Nico Williams es el ejemplo más claro de esta política. Hace dos veranos, el club decidió no facilitar su salida al Barcelona y convirtió su continuidad en una de las grandes banderas de la gestión de Uriarte.
El problema es que retener a los mejores también tiene un precio. Y ese coste fijo no desaparece cuando el equipo deja de ingresar por jugar en Europa.
El agujero que deja quedarse fuera de Europa
Las cuentas presentadas por el Athletic dibujan con bastante precisión el cambio de escenario. El ejercicio 2025/2026 terminó con 192,9 millones de euros de ingresos y 20,6 millones de beneficio neto, cifras récord para la entidad sin contabilizar traspasos. Buena parte de ese resultado estuvo impulsado por la participación en la Champions League.
Para esta temporada, el presupuesto baja hasta 152,6 millones de ingresos. Los ingresos procedentes de competiciones deportivas y retransmisiones caen en 50,7 millones respecto al ejercicio anterior, mientras que los gastos de personal aumentan en 5,2 millones. El resultado de explotación previsto es de menos 3,2 millones y el resultado neto, antes de determinados efectos contables, se sitúa en menos 17 millones. Ahí aparece la factura de una plantilla construida para competir en Europa cuando Europa ya no está.
No es economía de guerra, pero toca apretarse el cinturón
Uriarte rechaza hablar de una situación de emergencia. «El Athletic no está en economía de guerra. Está siguiendo una estrategia expansiva para seguir creciendo», aseguró. El presidente defendió además que el club ha conseguido ahorrar más de 15 millones en el presupuesto mediante salidas y cesiones.
Sin embargo, algunas decisiones cuentan otra historia. La retirada de invitaciones en San Mamés permitirá liberar 1.019 localidades y generar alrededor de 1,3 millones de euros de beneficio para la entidad. Entre los colectivos afectados se encuentra el primer equipo masculino, que pasa de disponer de 172 invitaciones a ninguna.
Puede parecer una cantidad pequeña dentro de un presupuesto de más de 150 millones, pero el propio club reconoce su importancia: ese ingreso neto equivale a una parte relevante de la pérdida de explotación prevista.
San Mamés también exige pasar por caja
El Athletic mantiene además una importante apuesta inversora en sus infraestructuras. El club tiene previsto destinar más de nueve millones de euros a la ampliación de San Mamés, repartidos entre dos fases de unas obras que se ejecutarán al término de la presente temporada. A ello se sumarán más de dos millones en ampliar y mejorar las instalaciones de Lezama y cerca de otros dos millones destinados a tecnología, especialmente en áreas como la medicina deportiva y el desarrollo de negocio.
En total, el Athletic contempla alrededor de 15 millones de euros en inversiones, una cifra que prácticamente triplica el nivel habitual del club. La ampliación de La Catedral pretende aumentar su capacidad y permitir que más aficionados puedan acudir a los partidos, con el consiguiente potencial incremento de ingresos por taquilla y explotación del estadio.

Es una apuesta a medio y largo plazo, pero llega precisamente cuando el club reconoce que el presupuesto de la temporada presenta pérdidas. Es decir, el Athletic no solo tiene que sostener una estructura deportiva con un coste creciente después de haber optado por retener a sus principales futbolistas, sino que también mantiene importantes compromisos inversores. La estrategia de Uriarte pasa por seguir creciendo y generar nuevas fuentes de ingresos, pero el corto plazo obliga a vigilar mucho más cada euro que sale de Ibaigane.
El reto es volver a Europa
El Athletic no ha escondido cuál es su objetivo para esta temporada: volver a Europa. Uriarte sostiene que el presupuesto de la plantilla está «a la par» del de los clubes de LaLiga que compiten por posiciones europeas.
Y ahí está precisamente la cuestión económica. El modelo puede sostener una plantilla de ese nivel cuando llegan los ingresos europeos, pero se ha vuelto mucho más exigente cuando el equipo ha fallado en el campo. Mantener futbolistas con salarios elevados, renunciar a grandes ventas y asumir una estructura creciente de gastos exige que el rendimiento deportivo acompañe en el corto plazo.





