La visita de Ferran Torres a ‘El Hormiguero’ dejó una imagen que invita a, cuanto menos, reflexionar: El futbolista compartiendo protagonismo con la creadora del viral ‘Oh, Ferran’. Y es que el problema no es hacerse viral, sino confundir viralidad con fama y creerse por encima del propio famoso
Hay cosas que cuesta entender de esta época en la que vivimos pendientes del móvil y las redes sociales para todo. Una de ellas es esa facilidad que tenemos para convertir cualquier fenómeno de Internet en una especie de acontecimiento. Da igual de dónde venga o cuánto vaya a durar. Si acumula millones de reproducciones, parece que automáticamente es lo más destacado del momento, por encima de noticias de verdad, que sí que deberían preocuparnos.
Esta vez le ha tocado a ‘Oh, Ferran’
Rocío Domingo se hizo conocida por aquel vídeo en el que pronunciaba el nombre de Ferran Torres de una manera que terminó haciendo fortuna en redes sociales: ‘Oh, Ferran; Oh, Ferran’. Más allá de que se trata de un vídeo en el que sexualiza al futbolista, que ahí no vamos a entrar, porque ni imaginamos que hubiera pasado si un hombre lo hace, por ejemplo, de Alexia Putellas… El fenómeno creció, la frase se repitió hasta la saciedad y acabó acompañando al internacional español durante semanas. Hasta ahí, poco que discutir. Las redes funcionan precisamente así y no tiene demasiado sentido intentar poner puertas al campo. Pero una cosa es que un vídeo se convierta en viral y otra que la persona que aparece detrás de ese vídeo pase a formar parte del fenómeno como si fuera una celebridad más. Y eso es lo que ha ocurrido con esta joven y con la sociedad que la ha encumbrado.
‘El Hormiguero’ contó este lunes con el goleador de la final del Mundial como invitado y allí estuvo también Rocío Domingo, compartiendo protagonismo Ferran Torres. Y aquí conviene aclarar que no hay nada que reprocharle a Rocío Domingo, al menos en lo que a su participación en el programa de Pablo Motos se refiere. Aprovechó una situación que se le presentó, como habría hecho prácticamente cualquiera en su lugar. Si de repente millones de personas conocen tu cara por un vídeo y uno de los programas de televisión más vistos de tu país te invita para hablar de ello, lo normal es aceptar.
Lo que se le olvida a la gente, incluso a la propia Rocío, es que Ferran Torres ya era Ferran Torres mucho antes de que existiera el ‘Oh, Ferran’. Campeón del mundo con España, futbolista internacional y autor de uno de los goles de aquella final. Su nombre no necesitaba un vídeo viral para entrar en las casas de millones de personas.
«El Mundial lo ha hecho él… el gol fue tuyo y el mérito es tuyo», llegó a decir Rocío durante el programa. El futbolista, que es quien da nombre a todo aquello, aparecía casi como invitado dentro de su propio fenómeno. Llegó incluso a mostrar su incomodidad durante el programa y preguntó si podía sentarse con el público. Mientras tanto, el interés estaba puesto también en conocer a la chica que había pronunciado aquellas dos palabras que tantas vueltas habían dado en redes. Eso sí, Ferran admitió, no sabemos si por el contexto que no se había molestado en ningún momento. «Pocas cosas me molestan en esta vida. Hay que tomárselo todo con humor. Ha sido muy divertido. La gente yo creo que también ha disfrutado con el audio, no solo yo».
Lo cierto es que antes hacía falta una carrera para ser conocido. Ahora, en determinadas ocasiones, basta con acertar con un vídeo de quince segundos. Puede ser divertido, puede tener gracia y puede convertirse en un fenómeno. Pero eso no significa necesariamente que detrás exista una trayectoria o algo que vaya a permanecer cuando llegue el siguiente viral.
Y quizá ahí esté el verdadero problema. No en que Rocío Domingo haya aparecido en televisión, ni siquiera en que un programa haya querido reunirla con Ferran Torres. El problema es que cada vez cuesta más distinguir entre ser conocido y ser relevante.
Un millón de reproducciones no convierte a nadie en referente de nada. Solo significa que, durante un determinado periodo de tiempo, mucha gente ha decidido mirar lo mismo. Después llega otro vídeo. Y otro. Y el algoritmo cambia de dirección.
Ferran Torres, mientras tanto, seguirá siendo futbolista. Seguirá jugando, marcando goles y cargando con la etiqueta de campeón del mundo. Y probablemente tendrá que acostumbrarse durante un tiempo a que haya quien le salude con un ‘Oh, Ferran’ antes que con un simple «hola». Quizás eso sea lo más curioso de toda esta historia. Que esa frase viral haya terminado adquiriendo una importancia casi mayor que aquello que lo convirtió en viral.





