El ciclista navarro, al igual que el segoviano, confirma la buena relación que les unía, pese a que se habló en su día de rivalidad
Aunque en su día se habló de tensión y de rivalidad, la relación de Perico Delgado y Miguel Indurain, con el paso de los años, ha quedado demostrada que era de amistad y compañerismo cuando ambos corrían en el equipo Reynolds-Banesto, donde a principios de los 80 ejercían como líderes en las diferentes carreras.
Indurain llegó al equipo cuando Delgado vivía sus mejores años lejos de él y fue su gregario cuando regresó, antes de que el navarro cogiera el relevo y fuera el segoviano el que tuviera que ayudarle en los últimos años cuando coincidían en alguna gran carrera, el Tour mayormente.
Tras acabar sus respectivas carreras, ambos han coincidido en varias ocasiones y ahí han demostrado que los que hablaban de mala relación no sabían lo que decían. De hecho, más adelante, tanto uno como otro han hablado maravillas del que fuera su compañero.
Perico Delgado, que ha sido el más locuaz. Por algo es comentarista en RTVE desde hace décadas y realiza más entrevistas, ha calificado siempre de «caballero» a Miguel Indurain. En el reportaje ’30 años de amarillo’ de Movistar, por el 30 aniversario de su triunfo en el Tour, Delgado fue muy claro: «Indurain era un caballero. Pudo ganar el Tour del 90, pero prefirió esperarme a mí«.
La ayuda de Indurain a Perico Delgado
De hecho, Perico relató una ocasión muy clara de esa ayuda que recibió en 1990. «Recuerdo que en una ocasión se fue por delante con los favoritos y yo quedé rezagado. Prefirió esperarme a mí. (…) Se entregaba por el compañero por delante de sus intereses», añadía.
No es la única ocasión en la que ha hablado de él. En una entrevista en El Confidencial, el exciclista segoviano indicó que el navarro era, además, muy buena persona. «Hay que conocer a Indurain. Aunque para la gente es muy distante, el tipo es un pedazo de pan. Es un gran compañero», sentenciaba Perico.
Curiosamente, a Miguel Indurain también se le preguntó por qué ayudaba a Perico Delgado en aquel Tour de 1990 cuando él era el único que aguantaba las embestidas de Greg Lemond -ganador de aquel Tour- en la alta montaña. Fue en una entrevista en L’Équipe, en la que el ciclista de Villava recordó sus inicios en el ciclismo y también explicó por qué ayudaba a Delgado, más allá de porque fuera su jefe de filas en el Reynolds-Banesto.
Perico Delgado, un ídolo de masas
«Siempre le he ayudado, porque era una especie de ídolo para todo el mundo, por espíritu de equipo y también por amistad», reconocía Miguel Indurain, que confirmaba con esas palabras su buena relación con el de Segovia.
Fuera de esta relación, Indurain ha contado en más de una ocasión como fueron sus inicios con las carreras. Todo empezó por un robo. Le quitaron la bicicleta que tenía, a los 10 años, mientras ayudaba a su padre en el campo. Y éste, para compensarle, le compró una de carreras.

A partir de ahí se presentó a una carrera y el resto es historia. «Al ciclismo llegué por casualidad. Un día me presenté a una carrera, logré el segundo puesto y me dieron un bocadillo y una Fanta, y eso me gustó», explicaba el navarro, que aún tuvo que convencer a sus progenitores para centrarse en su carrera como ciclista.
«Mis padres son gente sencilla y religiosa, a los que también les importa un comino si soy campeón. Se preocuparon un poco cuando dejé los estudios», admite Indurain, a quien la afición por la bici no fue algo innato. Simplemente, empezó a ganar y vio que tenía cualidades. «En mi casa tenía una bicicleta para ir por los campos, pero jamás conservaba fotos de ciclistas ni sabía nada de la historia del ciclismo. No tenía ídolos», reconoce el cinco veces campeón del Tour de Francia.





