Casemiro pasó de la favela a las cinco Champions: «Soñaba con sobrevivir»

Casemiro pasó de la favela a las cinco Champions: «Soñaba con sobrevivir»

De crecer en una favela de São Paulo a conquistar cinco Champions League con el Real Madrid. La historia de Casemiro está marcada por las dificultades de su infancia, la ausencia de su padre y el esfuerzo de su madre. «El fútbol fue mi salida»

Casemiro ha construido una carrera al alcance de muy pocos. El brasileño defendió durante años la camiseta del Real Madrid, levantó cinco Champions League y se convirtió en uno de los centrocampistas defensivos más reconocidos del fútbol mundial. Pero antes de convertirse en un gran jugador y pasar por todo esa trayectoria y recorrido, hubo una infancia que estuvo marcada debido a todas las dificultades por las que tuvo que pasar.

Nacido en São José dos Campos, en el estado de São Paulo, Casemiro creció en un entorno humilde junto a sus dos hermanos. Como hijo mayor, tuvo que asumir responsabilidades desde muy pequeño, especialmente después de la ausencia de su padre y mientras su madre trabajaba para sacar adelante a la familia. El fútbol apareció entonces mucho antes como una profesión que como un sueño de grandeza. Era, sobre todo, una posible salida para una familia que atravesaba dificultades económicas.

«No nací con una cuchara de plata»

Durante el Mundial de Qatar 2022, Casemiro recordó aquella etapa de su vida en una entrevista con el medio argentino TN. El futbolista explicó entonces hasta qué punto llegaron las dificultades económicas de su familia. «No nací con una cuchara de plata, nací en una favela. Allí no sueñas con lujos, sueñas con sobrevivir. Y el fútbol fue mi salida, mi forma de ayudar a mi familia».

La falta de espacio en casa llegó a provocar que los hermanos tuvieran que repartirse entre las viviendas de otros familiares. Una realidad muy alejada de la que posteriormente viviría el centrocampista en Madrid, rodeado de trofeos y jugando en los escenarios más importantes del fútbol europeo.

Pero antes de llegar hasta allí, Casemiro tuvo que aprender a hacerse mayor demasiado pronto. Su madre pasaba buena parte del día trabajando, y el pequeño Casemiro ayudaba en casa, preparaba la comida y cuidaba de sus hermanos menores. La ausencia de su padre hizo que esa responsabilidad recayera todavía más sobre él. La relación con Servando, su padre, terminó cuando el futbolista todavía era muy joven. Una fuerte discusión con su madre provocó que abandonara el hogar y dejara de formar parte de la vida cotidiana de la familia.

Con el paso de los años, Casemiro aseguró haber aprendido a convivir con aquella experiencia sin convertirla en resentimiento. Su infancia, eso sí, dejó una huella evidente en su personalidad. «Desde pequeño, sabía que si quería llegar lejos, tenía que correr más, pelear más, sufrir más». Y aquí es donde podemos encontrar una explicación a su manera de jugar, donde podemos ver intensidad, sacrificio, fortaleza y una capacidad enorme para competir.

Moreira, mucho más que un entrenador

En aquellos primeros años también apareció una figura fundamental. Su entrenador Moreira no solo se preocupó por formar al futbolista, sino también por el niño que tenía delante. Le proporcionaba ropa, botas y consejos y terminó convirtiéndose en una referencia para Casemiro en una etapa especialmente complicada de su vida. El fútbol comenzó a ofrecerle algo que iba mucho más allá de los 90 minutos de un partido: una vía para cambiar su realidad.

Y lo consiguió. Su llegada al Real Madrid terminó convirtiéndose en el gran punto de inflexión de su carrera. Después de pasar por el Oporto, Casemiro regresó al conjunto blanco para convertirse en una pieza fundamental del centro del campo. No fue el jugador destinado a acaparar portadas por sus goles. Su trabajo estaba en otro sitio: proteger a la defensa, recuperar balones y permitir que otros jugadores tuvieran libertad para atacar. El propio Casemiro siempre ha reivindicado ese papel y el valor que tuvo para él todo lo conseguido en Madrid: “Gané mucho con el Real Madrid, pero lo que más valoro es el respeto que gané. No todo el mundo entiende qué hace un mediocentro defensivo. No siempre somos los héroes, pero sin equilibrio, no hay equipo. Juego para que mis compañeros brillen, y eso me basta. Porque cuando el equipo gana, tú también ganas”.

El palmarés terminó hablando por él: cinco Champions League, tres Ligas, tres Mundiales de Clubes, tres Supercopas de España, tres Supercopas de Europa y una Copa del Rey, además de 366 partidos con el Real Madrid. Una colección de títulos que contrasta con aquel niño que, antes de pensar en conquistar Europa, tenía otras preocupaciones mucho más básicas.

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