De las «cálidas felicitaciones» del Rey de Marruecos a Felipe VI por el Mundial ganado a las amenazas por la «provocación explícita» de visitar Ceuta

De las «cálidas felicitaciones» del Rey de Marruecos a Felipe VI por el Mundial ganado a las amenazas por la «provocación explícita» de visitar Ceuta

El periodista especializado José Apezarena destaca que «no hay buena relación» entre Felipe VI y Mohamed VI, a pesar de que el monarca marroquí felicitara el pasado julio a España -«nuestro país amigo y vecino»- por su segundo Mundial conseguido

La relación bilateral entre España y Marruecos vive permanentemente en el filo de la navaja. Entre la sintonía de Estado y la crisis abierta. Y buena prueba de ello es el fútbol. En apenas unos meses, el vínculo entre Madrid y Rabat ha pasado de la efusiva cordialidad deportiva, escenificada tras la conquista de la Copa del Mundo por parte de la Selección Española, a la sutil pero profunda hostilidad por la final del Mundial de 2030, que España y Marruecos acogerán junto a Portugual.

Es fútbol, pero un fiel reflejo de las complicadas relaciones entre España y Marruecos, algo que en el último mes está especialmente patente con la crisis migratoria de Ceuta, donde nadie duda que se ha tratado de una invasión organizada. Pura geopolítica en la que ahora entraría en juego una futura visita anunciada del rey Felipe VI a la ciudad autónoma. Detrás de las felicitaciones oficiales y la diplomacia institucional, se esconde la falta de sintonía histórica entre ambos países, así como una falta de entendimiento personal entre ambos monarcas. La disputa de la soberanía, mientras tanto, condiciona la agenda estratégica de ambos países.

El espejismo de la Copa del Mundo

En julio de 2026, las relaciones hispano-marroquíes parecieron alcanzar un punto de máxima armonía. Tras la conquista de la Copa del Mundo por parte de la selección española en la edición celebrada en Estados Unidos, México y Canadá, el Rey Mohamed VI de Marruecos expresó de inmediato sus “cálidas felicitaciones” a su homólogo Felipe VI, calificando el triunfo español de “gran logro”. A través de la agencia oficial MAP, el monarca alauí transmitió al rey español y al pueblo la alegría de Marruecos, que coanfitrión del Mundial 2030 junto a España, celebraba el éxito de «nuestro país amigo y vecino».

Durante unos días, la diplomacia del fútbol pareció diluir las históricas diferencias territoriales. Sin embargo, este ambiente festivo resultó ser un espejismo temporal frente a las arraigadas tensiones geopolíticas y la fría realidad de las relaciones de poder en el norte de África. Algo que quedó reflejado con el apoyo de Marruecos a Infantino a cambio de que le asegurara la final del Mundial 2030.

La distancia real entre Mohamed VI y Felipe VI

Mientras que entre Juan Carlos I y Hassan II existía una estrecha sintonía y cierta fraternidad, la relación entre los actuales jefes de Estado de España y Marruecos es radicalmente distinta. Periodistas especializados como José Apezarena señalan con rotundidad que «no hay buena relación» entre Felipe VI y Mohamed VI: «No se llevan y no hay que esperar una amistad». Aunque se conocen desde la infancia —coincidiendo en visitas oficiales cuando eran príncipes—, en la actualidad no hay sintonía entre ellos. Las palabras de Mohamed VI tras el Mundial ganado por España, pura palabrería: «Comparto, en nombre propio y del pueblo marroquí, deseo saludar la gran determinación y el alto espíritu competitivo demostrados por los integrantes de vuestra joven selección a lo largo del campeonato».

El drama humanitario de Ceuta

Aunque las casas reales proyectan cordialidad institucional, la desconfianza mutua es palpable. Esta desconexión personal agrava cualquier desencuentro político. El frágil entendimiento deportivo saltó por los aires a finales de julio de 2026 con una entrada masiva de migrantes que desbordó por completo las fronteras terrestres y marítimas de Ceuta. Ante esta catástrofe humanitaria, el Palacio Real de Rabat optó por una calculada estrategia de omisión pública y silencio oficial, evitando declaraciones de duelo o asunción de responsabilidad compartida.

La respuesta se canalizó de forma indirecta a través de la prensa afín al trono, que actúa como termómetro de la postura de palacio. Portales como Hespress, a través del activista Yahya Yahya, culparon a España tildando la gestión de la crisis migratoria de «fracaso político» y sugiriendo que la tragedia evidenciaba la «fragilidad de la presencia española en la zona». Así, Rabat desvió el escrutinio interno sobre su gestión fronteriza mientras relanzaba su ofensiva diplomática contra la soberanía española. Y esto es mucho más importante que la final de un Mundial.

La visita real a Ceuta y las amenazas marroquíes

La tensión ha aumentado en las últimas fechas, después de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, confirmara que Felipe VI viajará a Ceuta «cuando se den las condiciones». El anuncio ha reabierto viejas heridas. Felipe VI, que accedió al trono en 2014, no ha pisado las ciudades autónomas en sus 12 años de reinado; de hecho, son los únicos territorios de España que el monarca aún no ha visitado.

Para entender las posibles consecuencias por parte marroquí hay que remontarse a 2007, año en que Juan Carlos I y la reina Sofía realizaron la última visita de un jefe de Estado español a Ceuta y Melilla. Aquel viaje desencadenó una grave crisis diplomática: Marruecos retiró a su embajador en Madrid, Omar Azziman, durante 65 días, y Mohamed VI calificó el desplazamiento de «lamentable» y «contraproducente». El precedente demuestra que la presencia física del rey español en lo que Rabat considera «territorios ocupados» provoca una ruptura inmediata, incluso en momentos de estrecha cooperación. Es decir, unos precedentes que invitan a confirmar esas ideas de que Marruecos es país vecino, pero no hermano. Y mucho menos el aliado más oportuno para compartir la realización de un Mundial de fútbol como el de 2030.

Advertencias desde Marruecos

La monarquía alauí no ha emitido ninguna declaración oficial sobre el posible viaje de Felipe VI a Ceuta, sin embargo, la advertencia ha sido enviada a través de medios afines como Le360 y Hespress, que han calificado unánimemente el eventual viaje como una «provocación explícita» capaz de «reavivar la crisis» bilateral. A esto se suma la retórica del ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, quien ha defendido que Ceuta y Melilla son un «derecho histórico y geográfico» y aspira a su «solución definitiva» para que vuelvan «al seno de la patria».

La visita de Felipe VI, de confirmarse, traerá cola sin lugar a dudas tanto en la crisis de Ceuta como en el futuro Mundial 2030 que España y Marruecos acogerán junto a Portugal. ¿La sede de la final? Aún habrá mucha tela que cortar al respecto.

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