Inesperada confesión de Lamine Yamal sobre sus estudios: «Me desconecté de las clases»

Inesperada confesión de Lamine Yamal sobre sus estudios: «Me desconecté de las clases»

La estrella del FC Barcelona ha explicado cómo fue alejándose de los estudios mientras su carrera futbolística avanzaba a máxima velocidad: el cambio de entorno, su adaptación a La Masia y su convencimiento de que quería ser futbolista fueron claves en una decisión que terminó aceptando incluso su madre

La historia académica de Lamine Yamal comenzó en Mataró, concretamente en el barrio de Rocafonda, el lugar en el que creció y al que continúa haciendo referencia cada vez que puede con su símbolo del ‘304’ en algunas celebraciones de goles, en referencia a la terminación del código postal del barrio.

El ’10’ del Barça ha recordado cómo fue su progresión hasta abandonar definitivamente su formación académica, un proceso que fue de la mano de la propulsión de su carrera deportiva. No obstante, también tuvo que vivir alguna época de sombras. «Empecé estudiando en Granollers y luego me cambié al instituto que te llevan desde la Masía, que es el de dentro», comenzó recordando en una entrevista para la Fundación José Ramón de la Morena.

El primer paso fue la Escola Pereanton, donde cursó la Educación Primaria. Allí incluso tuvo contacto con la música y aprendió incluso a tocar el trombón en horas lectivas. Después llegó el cambio a un centro educativo vinculado a La Masia, pensado para que los jóvenes futbolistas pudieran compaginar su formación académica con el deporte de alto rendimiento. Y ahí comenzó el problema para Lamine. El cambio no fue únicamente académico. También supuso alejarse de la realidad social en la que había crecido.

«No estaba en mi sitio»

El futbolista reconoce que el primer año en su nuevo entorno transcurrió con normalidad, pero que posteriormente comenzó a fallar en los estudios. La diferencia entre el ambiente que conocía en Mataró y el que encontró en La Masia terminó pesando. «El primer año me fue bien y el segundo ya… No estaba acostumbrado a ir a clase con la gente que era diferente a la de Mataró, que son de otro rango social».

Lamine explica que aquella situación le hizo sentirse fuera de lugar. No encontraba en el instituto el mismo ambiente al que estaba acostumbrado en su barrio y, poco a poco, dejó de atender a las clases. «Me desconecte de las clases, no estaba a gusto. No me sentía cómodo».

El jugador pone un ejemplo muy gráfico para explicar aquella diferencia. Para él, no se trataba simplemente de cambiar de colegio, sino de pasar de un entorno que sentía como propio a otro completamente diferente. «Entre los profesores, los compañeros… me llevaba muy bien con los de La Masía, pero no estaba en mi sitio. Yo venía de un colegio donde me encontraba al de mi barrio, me encontraba al de la panadería o al carnicero… era otra cosa».

Primero dejó de estudiar y después llegó la decisión

Mientras tanto, el fútbol iba ganando terreno en sus prioridades. Lamine cada vez tenía más claro que su futuro estaba en el césped y no entre los libros. La progresión que estaba protagonizando en las categorías inferiores del Barcelona reforzaba esa sensación.

El jugador ha explicado que llegó un momento en el que aceptó acudir a clase, pero sin la intención real de continuar con los estudios como hasta entonces. Su prioridad ya estaba en los entrenamientos y en prepararse para llegar al fútbol profesional. «Un día le dije a mi madre: ‘voy a ir al cole, pero no voy a hacer nada y voy a prepararme para el entrenamiento de la tarde’. Ella no lo entendía y me echaba broncas porque quería que estudiara; incluso, hasta el día en que debuté con el Barça seguía diciéndome que debía estar en clase. Al final comprendió que era mi sueño y me apoyó».

Su madre, Sheila Ebana, fue durante mucho tiempo una de las personas que más insistió en que no abandonara su formación. Lamine recuerda que en casa tenían claro que el fútbol era su pasión, pero también que no podían garantizar que aquella apuesta terminara convirtiéndose en una profesión. «Si de vosotros depende que yo trabaje, estamos jodidos, pero si vosotros queréis que sea futbolista tranquilos, porque voy a ser futbolista. Mi madre me decía que no iba a jugar si no estudiaba».

La presión familiar continuó incluso cuando el joven ya comenzaba a acercarse al primer equipo del Barcelona. «Mi madre me echaba la bronca porque tenía que estar estudiando y no lo estaba haciendo. Hasta el día en que debuté con el Barcelona seguía diciéndome que debía estar en clase. Al final comprendió que era mi sueño y lo perseguí».

La ESO durante la Eurocopa

Aunque su carrera deportiva terminó imponiéndose, Lamine completó la Educación Secundaria Obligatoria. Lo hizo mientras ya competía al máximo nivel y en unas circunstancias que ilustran hasta qué punto su vida había cambiado.

Fue en la Eurocopa de 2024, cuando apenas tenía 16 años. El futbolista se llevó consigo los apuntes a Alemania para preparar los exámenes finales. Mientras España avanzaba en el torneo que acabaría ganando, Lamine tenía también que completar su formación.

Aquella experiencia encajaba con una idea que ya había expresado entonces y que ahora vuelve a explicar con perspectiva. «Me hubiera gustado tener una carrera, pero no estaba hecho para eso. No me arrepiento de nada, fueron experiencias que me formaron».

La decisión de apartarse de los estudios no llegó, por tanto, de un día para otro. Fue un proceso progresivo: primero el cambio de colegio, después la dificultad para adaptarse a un entorno diferente, posteriormente la desconexión de las clases y, finalmente, la apuesta absoluta por el fútbol.

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