El de Fuentealbilla narra los sacrificios que tuvieron que hacer sus padres en su infancia para conseguir el sueño de ser futbolista y que le permitieron convertirse con el paso de los años en una leyenda del fútbol
Andrés Iniesta es una leyenda del fútbol mundial. Para España siempre será el hombre del primer Mundial de nuestro país y para el resto del mundo del fútbol uno de los mayores talentos que se han visto en un estadio. Y, por cierto, una de las mayores injusticias es que no tenga un Balón de Oro en sus vitrinas. Pero para llegar a este nivel, a la élite del fútbol y a asombrar a todo el mundo, en su casa tuvieron que hacer bastantes sacrificios económicos.
El gesto que marcó la carrera de Iniesta
El propio Iniesta relata una de las acciones que vivió durante su infancia y que se le quedó clavada en la mente: «Mi padre era albañil y ahorró tres meses para poder comprarme mis primeras botas de fútbol con 12 años». El de Fuentealbilla creció en una familia trabajadora, de esas en las que cada gasto tiene una repercusión y hay que mirarlo con lupa para poder llegar a final de mes sin problemas. Su padre, José Antonio, trabajaba en la construcción como autónomo e, incluso, se marchaba a la costa para trabajar como camarero cuando faltaba trabajo.
No sobraba el dinero y no podía permitirse comprar unas botas de fútbol de calidad de un día para otro a su hijo, por muy bueno que apuntara a ser. Cuando necesitó unas botas mejores, afrontó la situación como un verdadero héroe para Andrés. Asumió el esfuerzo y empezó a guardar dinero durante meses para poder comprárselas y que su hijo pudiera seguir luchando por ese sueño lejano de ser futbolista profesional. El bueno de Iniesta no sólo recuerda las botas por la marca ni su comodidad, sino por el tremendo esfuerzo que su padre hizo por él. Cada entrenamiento que podía realizar era gracias al trabajo de su padre y ese gesto quedó grabado en el futbolista porque le enseñó desde pequeño que detrás de cada oportunidad existía un sacrificio familiar.
Un esfuerzo que explica la personalidad de Iniesta
Aquel esfuerzo se convirtió en una motivación mayor para el joven Iniesta. Su sueño ya no sólo era llegar a ser futbolista por disfrute propio, también quería llegar para bajar a su padre del andamio y devolverle a su familia todo el sacrificio realizado para que él pudiera cumplir su meta en la vida. Con los años, todo cobró sentido.

El talentoso centrocampista fue dando pasos en el mundo del fútbol hasta llegar al Barcelona y luego debutar en la élite. Después llegarían la Selección Española, los títulos, el reconocimiento mundial y todos los éxitos que han copado una carrera sencillamente espectacular. 40 títulos repartidos entre el Barcelona (32), el Vissel Kobe (3) y la Selección Española (5). Casi 900 partidos disputados a nivel de clubes (442 partidos en LALIGA y 130 en la Champions) con 93 goles y 162 asistencias, y 131 partidos con la Selección Española absoluta, anotando 14 goles y repartiendo 30 asistencias. Unos datos que hablan de una absoluta leyenda del fútbol que, además, dio, junto a una generación de ensueño, una nueva forma de entender el juego.
Detrás de los grandes estadios, los éxitos, los títulos y todo lo que consiguió Iniesta en su carrera, hubo un albañil que se dejó el alma ahorrando durante tres meses para que su hijo pudiera jugar al fútbol en condiciones y seguir luchando por su sueño. Una historia que también nos explica ese carácter y personalidad reservada y humilde que siempre tuvo el futbolista a pesar de estar en la cumbre del fútbol. Una carrera marcada por la responsabilidad y la gratitud a los que le ayudaron a conseguirlo todo y una explicación sencilla de por qué Iniesta siempre habló de sus padres como la base imprescindible de su carrera y de su vida.





