Gianni Infantino ha dado marcha atrás. La FIFA ha retirado su polémico proyecto para crear una filial que gestionara comercialmente el Mundial tras la fuerte oposición de la UEFA y otras confederaciones. La presión internacional ha obligado al organismo a renunciar a una iniciativa muy cuestionada
La FIFA ha frenado uno de los proyectos más controvertidos. Tras varios días de críticas y la amenaza en el fútbol internacional, Gianni Infantino ha anunciado que el organismo renuncia a seguir adelante con la creación de una filial destinada a gestionar y comercializar la Copa del Mundo.
El presidente de la FIFA confirmó la decisión mediante un comunicado oficial en el que reconoce que la propuesta había generado una profunda división entre las federaciones y las confederaciones continentales, un escenario que terminó haciendo inviable su continuidad.
«Tras escuchar atentamente todas las opiniones, ha quedado claro que el proyecto ha creado divisiones de tal naturaleza que, independientemente del nivel de apoyo, ya no redundan en beneficio del objetivo planteado inicialmente», señaló la FIFA. El comunicado concluye con un mensaje contundente: «Esta propuesta no seguirá adelante».
La presión internacional obliga a cambiar el rumbo
El plan impulsado por Infantino contemplaba la creación de FIFA Forward Enterprise (FFE), una nueva sociedad que asumiría la gestión comercial de los grandes activos del organismo, entre ellos el Mundial de fútbol, considerado el producto más valioso de la institución.
La intención era vender un 20 % de esa empresa a inversores privados. Según la propia FIFA, la filial estaba valorada en alrededor de 20.000 millones de dólares, una estimación realizada por JP Morgan. Con esa operación, el organismo pretendía generar nuevos ingresos para aumentar las ayudas económicas destinadas a las 211 federaciones nacionales. Sin embargo, el proyecto encontró una oposición casi inmediata.
La UEFA fue la primera en posicionarse frontalmente contra la iniciativa. Las 55 federaciones europeas respaldaron una postura común que incluía una amenaza de enorme impacto: estudiar un boicot a las competiciones organizadas por la FIFA si el plan seguía adelante.
A esa presión se unieron posteriormente la Concacaf y, poco después, la Conmebol, que anunció la apertura de un proceso de consultas internas recordando que «primero está el fútbol».
La FIFA había trasladado a las federaciones una propuesta económica para obtener su respaldo. Cada asociación miembro podría recibir alrededor de 53 millones de dólares si aceptaba la operación, una cifra que no logró disipar las dudas sobre el futuro control de la competición más importante del planeta. La resistencia no se centraba únicamente en el aspecto económico. Numerosos dirigentes temían que la entrada de capital privado terminara condicionando las decisiones estratégicas de la FIFA y alterando el modelo de gestión de un torneo que históricamente ha permanecido bajo el control directo del organismo.
Infantino busca rebajar la tensión
Consciente del creciente rechazo, Infantino ha optado por retirar el proyecto antes de que la fractura institucional fuera mayor. En el comunicado, el dirigente insistió en que el objetivo siempre había sido fortalecer el desarrollo del fútbol, especialmente en los países con menos recursos, aunque admitió que esa meta solo podía alcanzarse con un amplio consenso. «Mi intención es reunir a todas las partes interesadas en los próximos días y semanas, con un espíritu de interés común por nuestro deporte y con el objetivo de seguir impulsando el fútbol en todas partes, especialmente en aquellos países que más necesitan nuestro apoyo», concluyó el presidente de la FIFA.
La retirada del proyecto supone una victoria para las confederaciones que se opusieron a la iniciativa y evita, al menos por ahora, un conflicto que amenazaba con desencadenar una de las mayores crisis políticas en la historia reciente del fútbol mundial. El Mundial seguirá bajo el modelo tradicional de gestión, mientras la FIFA deberá explorar nuevas vías para incrementar sus ingresos sin romper el consenso entre sus federaciones.

