El paraíso futbolístico de Islantilla que pasó de atraer grandes clubes a vender su césped

El paraíso futbolístico de Islantilla que pasó de atraer grandes clubes a vender su césped

Juan Cuarterola, greenkeeper de los campos de La Tejita, explica en Futeros cómo unas instalaciones con las medidas reglamentarias de la FIFA, que atrajeron a Sevilla FC, Real Betis o Borussia Dortmund, buscan una nueva vida, donde el ‘footgolf’ juega un papel determinante

Islantilla conserva un rincón futbolístico que llegó a seducir a clubes de primer nivel y que hoy pelea por no apagarse. En Futeros hemos hablado con Juan Cuarterola, greenkeeper de Islantilla, Huelva, y responsable del mantenimiento de los campos de fútbol asociados a La Tejita.

El lugar nació para atraer equipos, pretemporadas y concentraciones en un entorno de sol, playa y hoteles, con tres campos de fútbol con las dimensiones oficiales de la FIFA. Ahora, sin la coordinación hotelera que sostuvo su mejor etapa, parte de esos terrenos se vende como tepe para cubrir gastos y mantener vivo el proyecto.

La Tejita, el proyecto que nació para atraer el fútbol a Islantilla

La historia empezó con una idea sencilla: aprovechar el clima, el hotel y el espacio disponible para crear una instalación útil para equipos profesionales. Según explica Cuarterola, los antiguos propietarios del hotel Islantilla eran también propietarios del campo de fútbol de La Tejita y decidieron mover el fútbol hacia el entorno hotelero.

“Ellos decidieron mover un poco el fútbol y traerlo al hotel. Allí teníamos un vivero de tepe y decidieron construir un primer campo. Vimos que funcionaba y entonces construimos un segundo campo, y hasta un tercero. Tenemos tres campos ahora mismo”, relata.

La iniciativa tenía sentido deportivo y económico. No se trataba solo de levantar un campo, sino de construir un producto completo: alojamiento, entrenamientos, clima suave, costa y privacidad. Un destino perfecto para equipos que buscaban trabajar lejos del ruido.

El problema llegó después. En 2018 se vendió el hotel, pero La Tejita siguió perteneciendo a otra propiedad. Esa separación cambió el equilibrio del proyecto y abrió una desconexión que todavía pesa sobre el futuro de las instalaciones.

El paquete que atrajo a los clubes: hotel, clima, playa y privacidad

Los equipos que llegaban a Islantilla no buscaban únicamente un terreno de juego. Buscaban una experiencia cerrada, cómoda y rentable. Cuarterola lo resume con una frase clara: “Al final buscaban el paquete completo: venir a un hotel y tenerlo todo allí”.

Ese paquete incluía horas de luz, buena temperatura, hoteles cercanos, trabajo físico en la playa y campos preparados para entrenar. Los equipos del norte de Europa encontraban en la zona un lugar ideal para preparar la temporada o escapar de condiciones climáticas más duras.

El propio greenkeeper recuerda que muchos futbolistas disfrutaban de ese entorno. “Allí disfrutaban como enanos. Imagínate: allí no los molesta nadie. Los campos estaban rodeados de palmeras y ellos disfrutaban mucho”, explica.

De acoger a Sevilla, Betis o Borussia Dortmund a vender el césped

Por aquellos campos llegaron a pasar equipos importantes. En la conversación aparecen nombres como Sevilla, Real Betis, Cádiz, Granada, Ajax femenino o Borussia Dortmund, además de otros clubes que utilizaron las instalaciones en su mejor momento.

Uno de los campos alcanzaba los 115 metros de largo por 75 de ancho y podía adaptarse a las medidas que pidiera cada equipo. “Venía un equipo y decía: ‘Quiero 107’, pues le dábamos 107. Si quería 65 de ancho, 65; si quería 70, 70”, cuenta Cuarterola.

La instalación, por tanto, tenía un nivel más que suficiente para recibir fútbol profesional. Porterías móviles, medidas adaptables, superficie amplia y un entorno privilegiado. Pero el presente es muy distinto.

“Ahora mismo estamos vendiendo el campo número dos. Nos han pedido tepe y tenemos tepe”, explica. Lo que antes servía para atraer clubes, ahora se levanta por metros cuadrados para no perder inversión. Cuarterola lo dice sin rodeos: “Se está vendiendo lo que es el tepe. Y es una pena”.

El precio del hotel rompió el equilibrio del proyecto

El gran obstáculo no parece estar en el campo, sino en la conexión con los hoteles. Según Cuarterola, el coste de alojamiento ha frenado operaciones que estaban encaminadas. Incluso había un equipo extranjero previsto para este verano, pero la operación se cayó por el precio del hotel.

“El campo, por cada entrenamiento, son 250 o 280 euros”, explica. El problema, por tanto, no estaba en el coste del terreno de juego, sino en el paquete completo que antes hacía atractiva la estancia.

Esa falta de coordinación ha ido apagando un producto que tenía sentido precisamente por funcionar unido. El campo solo no es suficiente. El hotel sin precio competitivo tampoco. La clave estaba en vender un paquete completo.

Un mantenimiento caro que obliga a vender por metros

El mantenimiento de un campo natural exige dinero, agua, abono, maquinaria y trabajo constante. Cuando no llegan equipos, el césped se convierte en un activo que al menos permite sostener parte del coste anual.

Cuarterola explica que la idea de tener varios campos también permitía rotarlos: “Si nos falta tepe, decimos: ‘Venga, el campo número dos, vamos a venderlo’. Lo cogemos y lo vendemos. Una vez que está vendido, lo volvemos a sembrar”.

El cálculo también muestra por qué la venta puede salvar gastos. Un campo puede rondar los 9.000 metros cuadrados y el tepe se vende sobre los 4,50 o 4,55 euros el metro cuadrado. No es el sueño para una instalación pensada para el fútbol profesional, pero sí una forma de no perderlo todo.

El futuro de La Tejita y sus campos de fútbol

El futuro pasa por encontrar nuevos socios. Juan Cuarterola reconoce que, tras terminar el convenio firmado cuando se vendió el hotel, los campos están libres para buscar otras alianzas.

“Ahora estamos libres para cualquier hotel que venga”, apunta. La idea no se limita a Islantilla, también se mira hacia El Rompido o Ayamonte. “Lo suyo sería que vinieran hoteles de Islantilla, El Rompido o Ayamonte y nos dijeran: ‘Oye, vamos a poner esto en marcha’”, afirma.

El compromiso que se buscaba era asumible en comparación con el potencial del proyecto: unos 15.000 euros al año para cubrir costes básicos, descontables después según los equipos que se consiguieran traer. Pero en los últimos años no se ha cerrado ese acuerdo. “Y es una pena, porque era bonito”, resume.

San Roque, Recreativo de Huelva y el fútbol cercano mantienen algo de vida

Aunque el gran escaparate de equipos de primer nivel se ha reducido, los campos no han desaparecido del mapa. Siguen siendo utilizados por equipos cercanos cuando necesitan entrenar, preparar partidos o suplir problemas en sus instalaciones.

Cuarterola menciona al San Roque de Lepe y al Recreativo de Huelva como clubes que han utilizado los campos en diferentes momentos. También recuerda que, cuando el Decano estaba en Segunda división, era más habitual que equipos visitantes se quedaran por la zona y entrenaran allí antes del partido.

“Cuando ha hecho algún trabajo extra en su campo y han tenido que cerrar la ciudad deportiva, siempre ha venido al nuestro”, explica.

El footgolf, la otra joya que nació en Islantilla

La conversación con el greenkeeper deja otra historia llamativa: Islantilla fue pionera en footgolf. Cuarterola asegura que fueron “el primer campo en España que instaló nueve hoyos de fútbol dentro del golf”.

La actividad, que durante años estuvo prácticamente parada, vuelve ahora a despertar. La idea es llegar a 18 hoyos y acoger un Campeonato de España a final de año.

Para las concentraciones también era un recurso atractivo: “Cuando los futbolistas estaban un poco quemados, los llevaba allí y los activaba. Les decía: ‘Vamos esta tarde a Islantilla a jugar al fútbol golf’. Y se lo pasaban muy bien”.

Un paraíso futbolístico que todavía puede salvarse

La Tejita e Islantilla no han perdido sus virtudes. Siguen teniendo clima, luz, playa, espacio, campos grandes y experiencia en el mantenimiento de superficies deportivas. Lo que falta es una estructura comercial que vuelva a unir todas las piezas.

El riesgo está claro. Si no aparecen acuerdos con hoteles o instituciones, los campos seguirán sobreviviendo mediante la venta de tepe. No desaparecerán del todo, pero perderán su sentido original.

Lo que fue un refugio para equipos de primer nivel se ha convertido en una instalación a medio camino entre el recuerdo y la oportunidad. Islantilla tiene ahí un pequeño paraíso futbolístico que todavía puede recuperarse, pero necesita algo más que nostalgia.

Necesita coordinación, precios competitivos y una apuesta real. Porque como dice Juan Cuarterola, “perder no lo vamos a perder”. La pregunta es otra: si estos campos volverán a recibir grandes equipos o si seguirán vendiéndose, literalmente, por metros.

Scroll al inicio