En la Gran Manzana no salen de su propio asombro no solo por remontar 29 puntos a los Spurs en el Game 4 de las Finales, sino por la manera tan espectacular en la que han puesto la guinda a su victoria
Seguimos impresionados con lo de esta pasada madrugada en el Madison. Si no lo han visto aún, saquen unos minutos para ellos. No se van a arrepentir, ya que se trata de uno de esos partidos imborrables en la historia de la NBA, uno que se ha cerrado con el bautizado por quien escribe como el ‘palmeo de Dios’ –obra de OG Anunoby– y ante el que el entrenador de los New York Knicks, Mike Brown, no logra salir de su asombro.
«No sé si ha habido una jugada más grande en la historia del baloncesto de los Knicks. Ese rebote ofensivo fue enorme. Enorme. Él aceptó el reto y nos ganó el partido. Es increíble. Ese palmeo, cómo controló el balón y lo convirtió, y como dije, probablemente sea el tiro más icónico en la historia del baloncesto de Nueva York», comenta el técnico en rueda de prensa sobre está ya legendaria jugada.
Para Brown, quien ha vivido en primera persona la locura que se desató en su día con los Warriors de Stephen Curry, lo de esta noche va un paso más allá. Anunoby, quien firmó un partidazo de 33 puntos con un 7 de 9 en triples, puso el 107-106 final volando sobre todos los Spurs –incluido Victor Wembanyama– para sellar la mayor remontada de la historia de las Finales de la NBA levantando hasta 29 puntos de diferencia.
Las palabras de Mike Brown cuando parecía todo perdido
Antes de la euforia un gélido sentir recorría las gradas del Madison. Los de San Antonio estaban arrasando con todo y el anillo parecía complicarse hasta el infinito. Justo en esas tomó el mando Mike Brown para coger a sus chicos al descanso –27 abajo entonces– y dejarles claro que eran dueños de su propio destino.
«La realidad es que, no solo en el baloncesto, no solo en el deporte, sino también en la vida –y creo que todos pueden dar fe de ello–, necesitas un poco de suerte. Hay que tener un poco de suerte en la vida y en el deporte. Pero también puedes crear tu propia suerte. Necesitas algo de suerte natural y también la capacidad de generarla tú mismo, y ese fue probablemente el mensaje más importante. Quedaba mucho partido por jugar todavía. Necesitábamos un poco de suerte, pero debíamos hacer lo que sabemos hacer para poder provocarla», explica.
A un partido del primer anillo en 53 años
Esa es la consecuencia del ‘palmeo de Dios’. Un equipo acostumbrado a sufrir como son los Knicks ven ahora cerquísima la posibilidad de ser campeones. Con 3-1 arriba en las Finales, el siguiente partido en Texas puede ser el que les corone 53 años después. ¿Y si no lo consiguen ese día? Pues tendrán otras dos oportunidades. Por falta de corazón no será.




